THE SQUARE

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“No seas tan sueco, olvídate de lo políticamente correcto”

En la última escena de Play (2011), la película que dio al sueco Ruben Östlund alcance internacional, un padre de rasgos nórdicos se acerca a un niño de origen árabe que, junto a su pandilla, ha abusado de su hijo durante toda la película, acabando la humillación robándole su móvil. Tras zarandear al pequeño y quitarle su móvil, asumiendo con seguridad que ese móvil no le pertenece, el padre se aleja cabreado de la bochornosa escena. En ese momento, una mujer se le acerca para decirle que va a llamar a la policía y que este abuso infantil y racista no puede ser pasado por alto. Play dice estar basada en una historia real en la que unos niños se aprovechaban de su condición de inmigrantes para, jugando la carta del racismo, aprovecharse de sus víctimas inutilizadas por lo políticamente correcto. Esa eterna lucha entre lo que debería ser el mundo y lo que en realidad es, pero también esa dificultad para combatir los prejuicios sin que estos creen otros nuevos, vertebra también la nueva película de Ruben Östlund, un cineasta de la provocación capaz de caminar con un pie en la ofensa y otro en la crítica moralizante.

El racismo y los prejuicios de clase y raza, sumados a la desmitificación cómica, rozando la humillación, de la masculinidad (ya presentes en su anterior película, Fuerza mayor -2014) centran el retrato, colectivo e individual, de The Square. Y es que el foco, tanto de crítica como de mofa, de la película es la parte dominante de la sociedad occidental. Un individuo masculino, blanco, con estudios, alto poder adquisitivo y perfectamente integrado en lo más acomodado de una sociedad tan “avanzada” como la sueca. Así es Christian (Claes Bang), director de un importante museo de arte contemporáneo y protagonista de The Square, a lo largo de una película que, más que tener una trama central, se recrea en pequeños momentos que reflejan la falsedad de la sociedad.

Al igual que el padre del niño de Play hacía lo “correcto” al increpar al ladrón de su hijo pero también creaba la duda de si su trato hubiera sido el mismo si el componente racial hubiera sido diferente, la comicidad de The Square nace de la vergüenza e incomodidad que desprende su protagonista al querer desenvolverse de manera beneficiosa para sí mismo pero también políticamente correcta en todo tipo de situaciones. Este hombre, perfecto sobre el papel pero ridículo ante la cámara, verá expuestas todas sus debilidades una por una: su inteligencia en una entrevista, su valentía en un robo, su posición laboral en una arriesgada campaña viral, su sexualidad ante un condón sin destino, la vacuidad de su profesión ante el mundo práctico que le rodea, su racismo y clasismo ante un edificio de las afueras y su madurez ante sus hijas y un niño “moreno” al que, como el padre de Play, ha de agredir para su propia vergüenza.

Al igual que hacía Maren Ade en Toni Erdmann para provocar la risa alucinada, o el mismo Östlund en el realismo espaciotemporal de Play e interpretativo de Fuerza Mayor, la cámara se mantiene lejana y centrada, deshumanizando su contenido y unificando este con el espacio, el continente, mientras las situaciones se alargan más de lo que deberían buscando una comicidad que nace de la impaciencia, como esos chistes que hacen más gracia cuanto más se repiten. Queda, como es natural, un resultado desequilibrado y contradictorio, una necesaria bofetada a la sociedad (la escena de la performance simiesca es tan poderosa que transforma el ridículo ajeno en propio) de lo políticamente correcto y de la economía de lo viral pero también una abusiva mirada de negatividad hacia el mundo desde un pedestal  por parte de su autor. Y es que, aunque la ridícula campaña en torno a los mendigos que mete en tantos problemas a Christian  nos pueda provocar la risa, las continuas y repetitivas escenas en las que Östlund utiliza a los mismos mendigos para insistir una y otra vez, sin ningún sentido cómico, en la indiferencia de su sociedad hacia los desfavorecidos parecen ejemplos del mismo ventajismo, oportunismo y real indiferencia hacia ellos por parte del sueco. De un cineasta que los coloca, cual macetas, para conseguir su denuncia y su comedia, del mismo modo que Christian para vigilar sus bolsas cuando nadie más le ayuda. 

Ruben Östlund es, como la sociedad que retrata, un cineasta contradictorio capaz de luchar por los desfavorecidos y aprovecharse de ellos para su propio beneficio. Es sueco, es europeo y en la grandeza de su (nuestra) decadencia está la gracia de todo, también de The Square.


The Square (Ruben Östlund, 2017)

Dirección: Ruben Östlund / Guion: Ruben Östlund / Producción: Gabriel Arias-Salgado, Mikel Lejarza y Enrique López Lavigne para Apaches Entertainment, Atresmedia Cine, Sony Pictures España, Telefónica Estudios y Tezutlan Films / Montaje: Jacob Secher Schulsinger, Ruben Östlund / Fotografía: Fredrik Wenzel / Diseño de producción: Josefin Åsberg  / Reparto: Claes Bang, Elisabeth Moss, Dominic West, Terry Notary, Christopher Læssø, Marina Schiptjenko, Elijandro Edouard, Daniel Hallberg, Martin Sööder, Linda Anborg, Emelie Beckius, Peter Diaz, Sarah Giercksky, Jan Lindwall.

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