PERSONAL SHOPPER

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¿O es que soy yo?

Personal Shopper (Olivier Assayas, 2016), se podría definir como una película de terror llevada al mundo moderno, donde la tecnología nos rodea y nos hace partícipes de una realidad inexistente. La trama se desarrolla a través de Maureen, interpretada por Kristen Stewart, una chica con dones espiritistas que intenta comunicarse con su mellizo fallecido, Lewis.

Ambos son médiums, por eso ella quiere establecer un hilo entre la realidad y lo imaginario. La disyuntiva de la película surge cuando se intenta mezclar, en un mismo espacio, la “cotidianidad” en la que ella vive (escogiendo y comprando ropa para una mujer adinerada en París) y el deseo de saber si su hermano aún permanece en el mundo de los vivos.

La esclavitud hacia el móvil se hace patente cuando recibe mensajes de origen desconocido y, subconscientemente, espera (y esperamos) que sea su ansiado hermano. Es inevitable comparar esta película con la serie Black Mirror (Charlie Brooke, 2011-2016), en la que se implantaban chips en los humanos para virtualizarlos aún más o el bienestar de una persona dependía de la valoración ajena.

Como explica el director, “Maureen ve a mucha gente, pero siempre está sola. La versión moderna de la soledad está poblada por un montón de presencias virtuales y de conversaciones constantes a través de pantallas. Todas mis películas se basan en la interacción entre varios personajes. Esta es mi primera película sobre la soledad absoluta”.

 

 

El problema de Personal Shopper reside en que la mayoría del diálogo se recoge en una pantalla de teléfono, por lo que la intensidad que podría generar el terror se desvanece al tener que estar continuamente leyendo los mensajes. Aunque la actuación de Kristen Stewart, en este caso, no despunta negativamente, y el uso del sonido, el tiempo y el espacio por parte de Assayas sea brillante, igualmente conduce a un intento fallido de película de fantasmas, inusual pero que se queda en nada. Es inevitable pensar que Hitchcock o Polanski hubieran desarrollado la trama de una forma más atrayente y, de alguna manera, concisa.

En temas de ectoplasmas, la coherencia es un aspecto que puede ocupar un segundo plano, los silencios y la carencia de vida en los pocos personajes que participan en el filme reafirman la opinión de Assayas de recrear la soledad absoluta. Lo más destacable es la mención de la verdadera historia de Víctor Hugo y el espiritismo, gracias que Assayas ha querido dejar que veamos algo interesante, o a la pintora sueca Hilma af Klint, pionera del arte abstracto.

En definitiva, traer al presente el tema manido de los espectros y querer conjugarlo con la adicción a las nuevas tecnologías puede salir bien o mal. En este caso resulta totalmente inconexo. El comienzo en una casa desolada y oscura parece conducir a un cliché de este tipo de género, o puede desarrollarse de manera positiva. La cuestión es que Olivier Assayas, aun con una idea original, se ha quedado a medias en la historia, pasando de puntos álgidos a un final desconcertante.

Ana Fernández Susaeta


Personal Shopper (Francia, Alemania)

Dirección: Olivier Assayas / Guion: Olivier Assayas / Producción: Charles Gillibert, Artemio Benki, Fabian Gasmia y Olivier Père / Fotografía: Yorick Le Saux / Montaje: Marion Monnier / Diseño de producción: François-Renaud Labarthe / Reparto: Kristen Stewart, Lars Eidinger, Sigrid Bouaziz, Anders Danielsen Lie, Ty Olwin, Hamou Graïa, Nora von Waldstätten, Benjamin Biolay

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