RICK Y MORTY (T3)

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La ignorancia te hace feliz, la inteligencia te hace libre

Cuando en el episodio 3×03 (Pickle Rick) Rick se convierte voluntariamente en un pepinillo, sus razones parecen ilógicas. ¿Por qué perder toda su capacidad motora, mucho tiempo de vida, tamaño y comodidad? ¿Por qué querría el ser más inteligente del universo convertirse en un encurtido? Pronto conocemos la respuesta, porque puede. Concretamente, porque es el único que puede en todo el universo.

Este razonamiento, donde la razón surge a través de la libertad y no al contrario, es el eje vertebrador no solo de la existencia de Rick sino la que rige cada paso de sus creadores, Dan Harmon y Justin Roiland. Así, lo que en realidad se descubre después como una elaborada excusa de Rick para no ir a terapia familiar, se transforma en una brutal serie de escenas de acción donde un pepinillo, revestido con extremidades de ratas y cucarachas, destroza a todo un servicio secreto con ecos de la Unión Soviética para enfrentarse, finalmente, a un melancólico supersoldado llamado Jaguar con el que entablará, finalmente, una emotiva amistad. Entonces, nos queda claro que para la serie de Adult Swim el poder es  la razón y no la razón es poder y en un mundo sin sentido nada tiene porque tenerlo, una filosofía cuya coherencia obliga a la exhibición continuada de una libertad creativa insultante. Estamos ante un milagro televisivo, una serie capaz de todo con todos, luchar a muerte con un patético Obama, matar a sus protagonistas, recordar al espectador que su vida no importa en absoluto, burlarse de toda serie, juego, colectivo o película viviente y, con todo, no desviarse nunca de su compleja coherencia narrativa y argumental.

Aunque ya os hablamos largo y tendido de la serie en nuestro Especial Acid Animation (puedes leer lo que escribió de ella Daniel Reigosa aquí), es en la tercera temporada que acaba de finalizar donde la serie ha demostrado más que nunca su capacidad para mantenerse firme en su propuesta sin ceder un ápice de autenticidad. Si en el final de la segunda temporada todos descubrimos a un Rick con sentimientos que se entregaba para salvar a su familia, depresivo tras la muerte de sus mejores amigos, nada más empezar el asombroso  3×01 (The Rickshank Rickdemption) vemos que todo era parte de uno de los planes más complejos, originales, efectivos y bestiales jamás elucubrados por la mente de un genio enfermo o tres grandes guionistas (Junstin Roiland, Dan Harmon y Mike McMahan). Y es que Rick es un Dios pero uno maldito, infeliz por su infinitas capacidades: un ser capaz de vencer al gobierno intergaláctico con un simple número, a la mayoría de sus yos alternativos si estos no fuesen tan infinitos como las realidades, echar a su yerno de su propia casa y, sin embargo, clamar furioso por no poder conseguir la desaparecida Salsa Szechuan (como curiosidad, McDonalds ha tenido que volver a distribuirla después de casi treinta años). Y es que, solo la ignorancia da la felicidad pero solo el conocimiento nos hace libres.

Rick y Morty te enseña que si el universo es infinito nada importa, que no hay bien ni mal y que todos vamos a morir pero también que, una vez asumido esto, la libertad (no confundir con la felicidad) será completa. Para alcanzarla hay que seguir destrozando creencias y mitos como parte fundamental de esa ignorancia que da la felicidad mediante la esclavitud (recordemos las píldoras alimenticias del gobierno galáctico en el 3×01). También, como serie referencial y subversiva, para conseguir este objetivo ha de seguir destruyendo la importancia y el respeto a los demás. Por ello, además de  dedicarle  un capítulo (3×02, Rickmancing the Stone) al mundo de Mad Max (George Miller) y pequeños pasajes capaces de resumir en uno o dos minutos La guerra de las galaxias (George Lucas, 1977) o El lobo de Wall Street (Martin Scorsese, 2013) en el 3×06 (Rest and Ricklaxation), el capítulo 3×04 (Vindicators 3: The Return of Worldender) se dedica en exclusiva a destrozar la lógica del superhéroe (mainstrem por excelencia del cine y estandarte protector del statu quo del capitalismo) mediante unos corrompidos Vengadores que descubren, con muerte y destrucción, lo inútil y falso de su dinámica heroica.

Punto y aparte en la temporada es y merece el capítulo 3×07 (The Ricklantis Mixup). Una trama de corrupción política y policial entorno al racismo que cita, entre muchas otras, a The Wire (David Simon, 2002-2008) y que sucede alejada de los dos protagonistas. Un sentido que se completa cuando se establece una conexión con el capítulo 1×10 (Close Rick-counters of the Rick Kind) y que solo se revela mediante una sutil imagen y la utilización de la misma música.

Ejemplo de confianza en la inteligencia de su público, esta seguridad refuerza su capacidad para desbordar los límites de cualquier película de dos horas en estos pequeños tripis de poco más de veinte minutos y, aun así, seguir indagando en el corazón de sus personajes. Y es que, como sucede en la nueva temporada de BoJack Horseman de la que os hablábamos aquí, también Rick y Morty continúa examinando a sus cinco protagonistas (la presencia de Jerry, Summer y, sobre todo, Beth es cada vez más relevante) cuya evolución y variedad de matices suceden, como todo en esta serie, en escasos pero efectivos segundos. Aunque para conocer el verdadero pasado de Rick aun tendremos que esperar, la separación de Jerry y Beth y el efecto de esta en Summer y Morty rige los primeros capítulos de la temporada en una continua revelación de inseguridades. Sin embargo, es en sus dos últimos capítulos donde Beth, la hija de Rick y su ser más cercano, se revela como el sujeto principal de esta temporada.

Con la misma capacidad superlativa de temporadas anteriores para la creación llamativa, diversa y cambiante de mundos y personajes, para el diseño visual y animado que utiliza el volumen y la luz como pocas series animadas, además de una sobrada fluidez narrativa ejemplificada, particularmente, en el montaje y el ritmo de sus escenas de acción, es en el capítulo 3×10 (The Rickchurian Mortydate) donde todo vuelve a mejorar dando un nuevo e inesperado paso hacia delante. El ligero zoom hacia Rick que cierra la temporada y que vuelve a trastocar el sentido de todo lo que hemos visto y creemos saber hasta ahora (y ya van unos cuantos), ese pequeño gesto de segundos capaz de sostener toda la filosofía sobre la existencia de Blade Runner (Ridley Scott, 1982) en una gesto formal y de puesta en escena, es lo que hace a esta serie más poderosa que ninguna otra.

Rafael S. Casademont

Rick y Morty (Adult Swim, EEUU)

Creador: Dan Harmon y Justin Roiland / Dirección: Pete Michels, Wesley Archer, Bryan Newton, Juan Jose Meza-Leon, John Rice, Stephen Sandoval,  Anthony Chun, Jeff Myers, Justin Roiland / Reparto: Justin Roiland, Chris Parnell, Spencer Grammer, Sarah Chalke / Guion: Dan Harmon, Justin Roiland, Tom Kauffman, Eric Acosta, Wade Randolph, Mike McMahan, Ryan Ridley, Matt Roller, Jane Becker, Sarah Carbiener, Erica Rosbe, Brian Wysol, David Phillips, Jessica Gao, Dan Guterman, Tanner Tananbaum, Abed Gheith, Rashad Gheith, Rich Fulcher, Alex Rubens, James Siciliano / Producción: Dan Harmon, Justin Roiland, Delna Bhesania, J. Michael Mendel, Barry Ward, Ryan Ridley, Keith Crofford, Ollie Green / Música: Ryan Elder, Jason Nesmith / Montaje: Lee Harting, Ken MacKenzie.

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