REGRESO A MONTAUK

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Melodrama euroamericano

La nostalgia en un reencuentro con un amor perdido constituye el leitmotiv de la última película de Volker Schlöndorff, Regreso a Montauk. Basada en la novela titulada Montauk, de Max Frisch (1975), la película adapta el tono autobiográfico literario de una forma que hace reflexionar sobre el mismo aspecto autobiográfico que el director quiso impregnar en su obra. Y es que a ratos la maquinaria con la que se mueve el ritmo del filme parece estar estructurada como si de un diario audiovisual de Volker Schlöndorff se tratara. La premisa argumental remite al segundo episodio que dirigió Richard Linklater en su trilogía amorosa europea, Antes del atardecer (2004). Los diversos subtextos que rodean la cinta alemana y el fuego lento que incrementa la tensión sexual entre los personajes principales tampoco son muy diferentes de la relación que establecían Jesse y Celine nueve años después de su primer encuentro en Viena. También puede recordar al Woody Allen de Interiores (1978) por su melodrama europeo profundamente americanizado.

En Regreso a Montauk, el escritor Max Zorn (Stellan Skarsgård) se traslada hasta Nueva York para cumplir con los actos de promoción de su último libro. Aquí se reencuentra con su antiguo amor, Rebecca (Nina Hoss), una abogada bastante bien asentada en la clase alta neoyorkina. El reencuentro entre ambos personajes se produce en la entrada del imponente edificio donde ella trabaja. Aquí, el director decide mostrar de lleno y sin tapujos cómo el amor perdido del escritor se ha pasado al otro bando. Una mujer originaria de la Alemania Oriental que ahora es vista por su antiguo amado como un poderoso e influyente miembro del capitalismo occidental simbolizado en esos faraónicos rascacielos, emblemas de la ciudad estadounidense.

Nada bueno acompaña a la película a partir de aquí. El pretendido melodrama no se sostiene ni con su puesta en escena ni con su banda sonora, torpe en el sentido de no involucrar al espectador en su juego amoroso, tanto visual como sonoro. El hecho de utilizar el inglés cómo única lengua vehicular en un drama alemán con personajes originalmente no angloparlantes tampoco ayuda a la seriedad pretendida.

Stellan Skarsgård no transmite personalidad en el retrato que hace del protagonista y su trabajo no hace más que remitir al sinfín de papeles secundarios en los que a menudo le vemos actuar en las producciones comerciales estadounidenses. Sí destacan Susanne Wolf como la pareja formal sentimental de Max y especialmente Nina Hoss como Rebecca. Su trabajo en la canalización de las emociones consigue mostrar a una mujer infeliz rodeada de supuesta felicidad burguesa.

Regreso a Montauk es, en resumidas cuentas, un envoltorio intelectual con diálogos que profundizan en diferentes reflexiones filosóficas que no acompañan a una moraleja final conjunta.

 

Carlos Rodríguez Martínez de Carneros

Regreso a Montauk (Alemania, 2017)

Dirección: Volker Schlöndorff / Guión: Volker Schlöndorff, Colm Tóibín (Novela: Max Frisch) / Producción: Hartmut Köhler / Música: Max Richter, Thomas Bartlett, Caoimhin O’Raghallaigh / Fotografía: Jérôme Alméras / Montaje: Jefe Hervé Schneid / Diseño de producción: Sebastian Soukup / Reparto:  Stellan Skarsgård, Nina Hoss, Niels Arestrup, Robert Seeliger, Susanne Wolff, Ray Wiederhold, Olga Lezhneva

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