LA PIEL FRÍA

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En el fin del mundo

Viendo La piel fría (Xavier Gens, 2017) en Sitges, una pregunta me pasó por la cabeza: ¿qué ha ocurrido con el cine de aventuras? No me malinterpreten, no voy a hacer un discurso sobre la muerte de un género o el cine en general. El relato de aventuras no ha muerto, pero creo que es indiscutible que se ha transformado. Películas como Master and Commander (Peter Weir, 2003) o la que tenemos entre manos eran antes lo común y ahora se han convertido en una rareza. El cine de superhéroes y el épico fantástico han tomado el relevo, y no solo eso. Más importante aún, la inmortalidad ha tomado el relevo.

¿De qué estoy hablando? Observen el clímax de casi cualquier película de aventuras reciente – Warcraft (Duncan Jones, 2016), por ejemplo- y comprobarán a lo que me refiero. Donde antes la emoción se construía a través del enfrentamiento con la muerte (y generalmente esta provenía de algo tan cruel y a la vez fascinante como la naturaleza), hoy en día lo que se nos suele ofrecer tiene más que ver con el circo: lo importante no es la búsqueda, la salvación física o moral. La clave está en el cómo se consigue. En realidad, la fórmula no es invalida per se. Todos disfrutamos de los espectáculos de acrobacias, las haga Buster Keaton, Burt Lancaster, Jet Li o Ewan McGregor, pero es también una fórmula limitada que requiere de una imaginación desbordante para mantener la sorpresa. ¿Cuántas veces podemos ver a los héroes saltar de un avión en llamas a bordo de un descapotable mientras luchan con sus manos desnudas contra un tiburón robótico? A la primera tiene gracia, a la segunda empieza a resultar cansino, por mucho que se cambie el descapotable por un tanque y al tiburón por mil pirañas.

Todo esto viene a cuento de la humanidad en la aventura. Esos héroes que saltan del avión han perdido, a fuerza de ignorar las más elementales leyes de la naturaleza, de no sangrar y no cansarse, su condición de seres humanos. Y, con ella, perdemos el viaje. Cuando el protagonista de La piel fría, un joven atormentado en busca de soledad, llega a la remota isla donde habrá de pasar todo un año trabajando, sentimos cómo su miedo choca con su determinación. La playa pedregosa, el aire frío, el terreno baldío le envuelven: en pocos minutos Xavier Gens nos ha indicado que se trata de un ser humano frente a lo inhóspito de la naturaleza. Es, por tanto, mortal como nosotros, por lo que podemos compartir con él su travesía en lugar de ser espectadores del viaje de otro.

Lo que sigue después es un relato de aventuras de sorprendente clasicismo. A pesar de estar basado en una novela reciente de Albert Sánchez Piñol, lo construido parece más bien una reformulación en clave fantástica del Jules Verne de La isla del fin del mundo. Tratando a los espectadores como adultos, sin subrayados excesivos, manteniendo a los personajes complejos y humanos, sin evitar la turbiedad moral pero tampoco revolcándose en ella, Gens construye una película de aroma aventurero, ritmo impecable y totalmente palpable (cuánto se agradece el respeto de la fotografía por la luz natural).

Es una pena, pues, que la película no acabe de despegar en su búsqueda de una dimensión alegórica. Jugando con el trasfondo de la Gran Guerra y el colonialismo, Gens parece querer hablar sobre la imposibilidad de huir del horror, pero este discurso se queda a medio cocinar porque aparece y desaparece del relato. A ratos, de hecho, parece caer en el olvido, para luego ser rescatado y vuelto a olvidar poco después. Casi se diría que se ha introducido porque toda película para adultos ha de ser “compleja y alegórica”. Una pena, insisto, porque a La piel fría no le hacía ninguna falta. Si hubieran confiado en el poder del relato de supervivencia, de los terrores de la naturaleza y los de la humanidad para construir una película más sencilla, más centrada en lo físico y lo lírico, nos encontraríamos antes una sorpresa rotunda. Con todo, eso no impide que, para los amantes de la aventura clásica, La piel fría resulte una isla en medio del océano. De forma discreta y elegante, ignorando la moda del “más difícil, todavía” para recuperar la dignidad de hablar, sencillamente, de seres humanos perdidos en los confines del mundo.

Pablo López

La piel fría (España, Francia 2017)

Dirección: Xavier Gens / Guión: Jesús Olmo y Eron Sheean / Producción: Mark Albela y Dennise O’Dell para Babieka, Kanzaman, The Ink Connection y Pontas Film & Literary Agency / Música: Víctor Reyes / Fotografía: Daniel Aranyó / Diseño de producción: Gil Parrondo / Reparto: David Oakes, Aura Garrido, Ray Stevenson, John Benfield, Iván González…

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