LA BATALLA DE LOS SEXOS

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Tan ridículo como parece

Aún a día de hoy, en el año 2017, siguen existiendo mentes minúsculas que creen que el hombre se encuentra a un nivel superior al de la mujer. El feminismo es una asignatura pendiente para muchos y el mundo cinematográfico es consciente de ello. Jonathan Dayton y Valerie Faris, la pareja que dirigió una de las películas más aclamadas en el Festival de Sundance del 2006, Pequeña Miss Sunshine, vuelven a sumar fuerzas para tratar este tema social con la finalidad de mostrar una pequeña parte histórica de esta lucha.

La batalla de los sexos cuenta la historia de Billie Jean King, una de las mejores tenistas de los años 70 que decidió romper con las grandes competiciones en protesta a la gran diferencia salarial entre hombres y mujeres. La película de Dayton y Faris parte de este punto para narrar dos historias: la de la joven deportista que lucha por la igualdad de sexos mientras acepta su condición homosexual; y la de Bobby Riggs, un jugador retirado y machista empeñado en demostrar su superioridad a base de payasadas. Emma Stone y Steve Carrel (que dan vida a estos personajes) destacan de manera más que satisfactoria. Ella, que demuestra una gran sensibilidad y compromiso por la causa, en ocasiones se ve eclipsada por las extravagancias de su compañero y el discurso homosexual que, aunque al final convence, parece más propio de San Junípero que de la realidad. Él, por otro lado, se mete en la piel del Sugar Daddy que todos los varones del film creen ser, ese que se cree imprescindible para las mujeres y que, pese a no dar crédito a semejante actitud, refleja el espíritu de Riggs superando cualquier límite ficticio. Porque sí, en realidad fue tan ridículo como parece en la película. Es por eso que, al inicio del film, ambos directores encierran al veterano en una habitación, siempre en interiores donde no pueda crecer su mentalidad, sobre un suelo de lava que no puede pisar y que delimita por completo sus acciones.

La película no de forma casual parece un manual de chistes machistas, adrede actúa como reflejo de lo que en muchas ocasiones tienen que soportar las mujeres para generar efecto de choque. El guion se compone de una línea tras otra de barbaridades, risibles cuando se piensan y vergonzosas cuando se escuchan en voz alta. “Las mujeres solo son útiles en la cocina o en la cama”, “caminando así parece un hombre”, “el hombre es más fuerte y competitivo”. Claro que sí. Y como las mujeres son inferiores es bien sabido que necesitan un premio de consolación, como el ramo que Riggs le entrega a su contrincante en el primer partido.

Han pasado más de cuarenta años desde aquel partido donde Billie Jean ganó a Riggs para reivindicar la igualdad salarial, una lucha librada por mujeres que reclamaban sus derechos inalienables. Ahora, Dayton y Faris se suman a la causa desde una perspectiva que combina el drama y la comedia a través de problemas todavía vigentes. Es difícil no tratar un tema tan delicado e injusto con subjetividad y, sin embargo, La batalla de los sexos, capta las tensiones y convencionalismos que se debían respirar en el ambiente de la época de forma divertida y reprochable a la vez, casi como un placer culpable.  Un ambiente que, lamentablemente, se respira en la actualidad.


La batalla de los sexos (The Battle of Sexes, Jonathan Dayton,  Valerie Faris, 2017)

Dirección: Jonathan Dayton y Valerie Faris/ Guion: Simon Beaufoy / Producción: Cloud Eight Films / Decibel Films / Fox Searchlight Pictures / Diseño de producción: Judy Becker / Música: Nicholas Britell / Montaje: Pamela martin / Fotografía: Linus Sandgren / Reparto: Emma Stone, Steve Carell, Andrea Riseborough, Elisabeth Shue, Bill Pullman,Austin Stowell, Sarah Silverman, Alan Cumming, Eric Christian Olsen,Jessica McNamee, Mickey Sumner, James Mackay, Agnes Olech, Chet Grissom,Chip Chinery, John C. McGinley

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