IT (2017)

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Sadismo, niños y venganzas

Unos niños limpian juntos el baño, anegado en sangre, de una amiga a quien le vino la primera regla. La sangre se debe a que Eso, una entidad maligna que suele aparecer en forma de payaso, se ha servido del miedo que siente la chica a convertirse en mujer teniendo un padre que abusa de ella. La imagen es sórdida, gamberra, muy sugerente y está teñida de la camaradería y perversidad en el mismo plano que hacían de It, de Stephen King, la mejor historia de terror y adolescencia de su clase, una fuente inagotable de imágenes e ideas. En ese momento, por primera vez, los amigos afrontan en comunión sus terrores personales de la adolescencia, y es entonces cuando se les revela como grupo (literalmente ellos ven la sangre que otros no) la amenaza común. Narrativamente el momento es tan importante como el violento clímax final, pero Andrés Muschietti despacha la escena con diez veces menos tiempo y dedicación del que dedica a cualquiera de las repetitivas secuencias de sustos.

No deja de ser significativo que una película tan adicta a la sangre y la violencia no sepa valorar el único momento en que éstas tienen sentido. Pero según parece a Andrés Muschietti le importan más la sangre y la violencia que su sentido.

Se supone que It (2017) es muchas otras cosas. Una película de miedo, de adolescentes a lo El club de los cinco (John Hughes, 1985), de amor y amistad, de marginados uniendo fuerzas para enfrentar sus miedos… Y sin duda en la historia sobre un tartaja, un judío, un bocazas, un hipocondriaco, un gordo, un negro y una mujer víctima de abusos sexuales que hacen piña, forman “el club de los perdedores” y se enfrentan juntos a los matones del colegio, a sus problemas personales de paso a la adolescencia y a la amenaza atávica que se cierne sobre la comunidad de Derry en forma de payaso y otras tantas pesadillas, hay sin duda un poco de todo esto. Y algo parece quedar de ello en la adaptación de Muschietti. El cine de terror y el de amistad se mezclan en la película pero del mismo modo que lo hace la pesadilla y la realidad: sin tocarse apenas.

Como se repite varias veces en algunos diálogos expositivos entre los chavales, en It están claros los límites entre pesadilla y realidad. Que no les engañen, no estamos ante Pesadilla en Elm Street (Wes Craven 1984). Las apariciones del payaso Pennywise no son reales, la amistad sí; y  cada plano de realidad tiene su música y su dispositivo. Rock nostálgico para los amigos, decibelios agresivamente altos y distorsionados para las pesadillas; música épica para la superación en todos los casos (no podía faltar en uno de los blockbusters, tan serios, de Warner).

 Es cierto que algunas escenas entre los amigos, como la visita a la charca, parecen tener el brillo de la amistad con que rememoramos las películas de Amblin y las primeras idas y venidas al cole con amigos y sin supervisión, pero los personajes están tan vistos desde la nostalgia de un adulto (o, peor, de un mercado) y reducidos a su miedo o neurosis particular que los diálogos resultan forzados. Y no hay iluminación saturada, ojos brillantes, sonrisas bobas y chistes fáciles que lo remedien. Da la sensación de que los personajes sirven más para caracterizar las pesadillas que lo contrario.

En cualquier caso, aunque las pesadillas sueños son, se alimentan de terrores reales como los abusos de los padres y de los compañeros en la infancia. Y los miedos hay que superarlos en fantasía y realidad incluso si son planos que no se relacionan sino metafóricamente. De modo que los terrores reales que actúan de puente entre un nivel y otro se acaban decantando, explícitamente en el caso de Henry Bowers, por las pesadillas y son filmados exactamente igual. ¿La gracia de mezclar géneros no debería ser mezclarlos? Y es que, en el fondo, en el It de Muschietti todo se identifica y se reduce a una agresión.

A una serie de agresiones repetitivas e idénticas, que duele más. Cada una bajo un dispositivo inmutable como una plantilla.

Un huevo de pascua, un sonido o algo actúa de cebo para el niño. Comienza la música de terror in crescendo. Hemos entrado en el territorio delimitado de las pesadillas. Juegos de luces  y sombras. Flashes. Golpes de efecto y de sonido. Decibelios. Aparece la pesadilla del niño bajo la forma de un leproso o de un hermano desaparecido o de… (a pocos días del visionado no recuerdo el resto). El ritmo y los estímulos se descontrolan. Aparece el payaso Pennywise. Hace un comentario siniestro digno de póster a lo «tú también flotarás». Susto definitivo. Agresión a la cámara en primer plano.

En It todo apuesta a la figuración de cada una de las pesadillas mediante la violencia y el efectismo de una imagen saturadísima. Dramáticamente, con el fin de caracterizar a los personajes; desde un punto de vista experiencial, en cambio, el efectismo y la saturación de estímulos sólo pretenden atacar al espectador. Después de cuatro de estas escenas mis tripas ya estaban tensas y prestas para defenderse o vengarse. Así, el mecanismo de las escenas pertenece a la agresión sensorial antes que al miedo propiamente dicho, tan hermanado con el suspense. De manera que cuando llega el final se siente antes como una venganza, de la que uno disfruta catárticamente, que como la superación dramática de los miedos adolescentes. Puede que la historia quede traicionada, pero el sadismo de la imagen que cultiva la película es coherente de principio a final.

¿Se han convertido a golpes los niños de It en unos matones que acosan y maltratan a un payaso por resentimiento y venganza?

Alberto Hernando

Puedes compararla con la anterior adaptación aquí: IT – ESO (1990), crítica por Rafael S. Casademont.


It (2017, Estados Unidos)

 New Line Cinema (Warner Bros)

Dirección: Andrés Muschietti / Guión: Chase Palmer y Gary Dauberman, basado en la novela de Stephen King / Producción: Seth Grahame-Smith, David Katzenberg, Barbara Muschietti, Roy Lee, Dan Lin / Música: Benjamin Wallfisch / Montaje: Jason Ballantine  / Fotografía: Chung-Hoon Chung / Diseño de producción: Claude Paré / Reparto: Bill Skarsgård, Jaeden Lieberher, Sophia Lillis, Finn Wolfhard, Wyatt Oleff, Jeremy Ray Taylor, Jack Dylan Grazer

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3 comentarios en “IT (2017)

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