LA REBELIÓN DE LAS MÁQUINAS

Publicada en Publicada en Especiales, Stephen King

Tenía que intentarlo

Cuando le preguntan a Stephen King por qué no ha vuelto a dirigir una película desde La rebelión de las máquinas (Maximum Overdrive, 1986), él responde “tan solo echa un vistazo a la película”. La definió también como “la peor adaptación que se ha hecho sobre mi obra”, y eso que uno de los lemas de la película, que aparecía hasta en el tráiler (de esos que hay que verlo para creerlo), era “si quieres que algo se haga bien, debes hacerlo tú mismo”. Se ve que el plan no le funcionó. Quizá el hecho de rodar la película con “la mente totalmente cocida por las drogas, sin saber muchas veces ni lo que estaba haciendo” (otra vez sus palabras) tuviera algo que ver. En el año 1986 Stephen King era el Rey Midas del terror. Sus libros se convertían en best-sellers nada más publicarse y las adaptaciones cinematográficas de sus novelas tenían el éxito asegurado en taquilla. Directores de la talla de De Palma, Kubrick, Carpenter, Hooper, Romero y Cronenberg habían llevado sus historias a la pantalla, pero King decidió ir un paso más allá y ocuparse él mismo de adaptar uno de sus relatos: Camiones. Poco más de una década antes, su compañero Michael Crichton había salido airoso dirigiendo Almas de metal (1973), así que, ¿Por qué no intentarlo?

Incluido en la primera compilación de relatos cortos publicada por King, El umbral de la noche de 1978 (en la que también estaban, entre otras, las historias que inspiraron Los chicos del maíz –Fritz Kiersch, 1984–, El cortador de césped –Brett Leonard, 1992– y Alianza macabra –Tobe Hooper, 1995), Camiones narra cómo el paso de un cometa por la órbita terrestre provocaba que las máquinas cobraran vida y se volvieran violentas, y concretamente cómo una “manada” de camiones acechaba a un grupo de personas encerradas en una gasolinera. King se puso manos a la obra, convenciendo a AC/DC para que se encargara de la banda sonora (recopilada en el álbum Who made who de 1986) y juntando un reparto en el que destacan Emilio Estevez (El club de los cinco, Somos los mejores), Pat Hingle (el comisario Gordon de los Batman de Tim Burton), Yeardley Smith (La voz de Lisa en Los Simpsons) y Giancarlo Esposito (Gus Fring en la serie Breaking Bad).

La rebelión de las máquinas comienza con un rótulo de aspecto “espacial” (bastante cutre hasta para la época) que nos informa del paso del cometa Rea-M, y acto seguido el mismísimo King hace un cameo mostrando los primeros signos de hostilidad por parte de las máquinas: un cajero automático le llama gilipollas. Estos 5 minutos iniciales dejan muy claro qué tipo de película vamos a ver. Un divertimento de serie B con un humor desenfadado y un sentido del ridículo más bien nulo. La música (AC/DC destaca en muchas cosas, pero la diversidad no es su fuerte) y la puesta en escena hace que todas las situaciones estén tratadas de la misma manera. ¿Gente muriendo? Canción de AC/DC. ¿Persecución? Canción de AC/DC. ¿Romance? Canción de AC/DC. ¿Momentos de alegría? Canción machacona de AC/DC. Los personajes se suman a la monotonía y no reaccionan a nada, les da todo igual. En todo momento hay un ambiente de indiferencia y pasividad, incluso tras la muerte de personas que se supone que son muy cercanas. De una escena de masacre con varios muertos pasamos a otra donde todos se han dormido y un niño que acaba de quedar huérfano está haciendo pompas de jabón tan tranquilo. El romance entre los dos protagonistas consiste en que la chica le diga a él que “es muy guapo” nada más verle, sin venir a cuento, y a mitad de película se acuesten sin ningún preámbulo. Casi todo pasa porque sí. Lo mismo explota la cabeza de un niño bajo un rodillo compactador de asfalto que sale un gordo cagando para que te rías con el sonido de los pedos. O, de repente, aparece un arsenal en el sótano y se lían a disparar a los camiones con lanzamisiles. En una gasolinera.

Se podrían buscar significados ocultos en la rebelión de la clase obrera (las máquinas) sobre la mano que las explota (los humanos). En una especie de venganza de la naturaleza, que ataca a la plaga humana poniendo a sus propias herramientas contaminantes en su contra. O incluso en el carburante como la droga que distrae y mantiene la dependencia del pueblo frente a quienes quieren controlarlo. Pero es que King no pretendía nada de eso. A lo mejor no sabía ni lo que pretendía. El tan solo quería hacer una película, su película, con un camión asesino con cabeza de diablo verde, música cañera y explosiones bien gordas. Por eso ni la acaba. Una vez ha cumplido sus expectativas, se cansa. La historia se queda a medias y otro rótulo, como el del principio, la termina con letras en vez de con imágenes. Una rendición que evidencia el fracaso de alguien que nunca fue director de cine, sino escritor. Pero, para saberlo, tenía que intentarlo.

Fran Chico

La rebelión de las máquinas (Maximum Overdrive, 1986, Estados Unidos)

Dirección: Stephen King / Guion: Stephen King / Producción: Dino De Laurentiis, Martha De Laurentiis, Don Levin, Mel Pearl, Milton Subotsky / Música: AC/DC / Montaje: Evan A. Lottman / Fotografía: Armando Nannuzzi / Diseño de producción: Giorgio Postiglione / Reparto: Emilio Estevez, Pat Hingle, Laura Harrington, Christopher Murney, Yeardley Smith, John Short, Ellen McElduff, J.C. Quinn, Holter Graham, Frankie Faiso, Giancarlo Esposito, Stephen King.

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