FESTIVAL LA BOCA ERÓTICA 2018

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Diversidad

La boca erótica, el primer festival de cine de temática sexual en España, estaba ausente desde su cuarta edición en 2013. Contaba su director, Asier Muñiz, que en un momento donde se pide la retirada de un cuadro de Balthus de un museo y se censura a Egon Schiele públicamente, había que volver. Quizás convenga recordar que una de las películas galardonadas en la pasada edición fue Klip (Maja Milos, 2012), largometraje también ganador del Tiger Award de Rotterdam y cuya exhibición se encuentra prohibida en España desde hace más de un año. Valga la vuelta de este festival sin prejuicios para seguir resistiendo el avance de esos cobardes, adalides del puritanismo,  que creen que ocultar es lo mismo que educar y que mostrar es pervertir y compartir.

Satan Said Dance
Satan Said Dance y su formato de imagen similar al móvil

Con una muestra de tres largos y veintiocho cortometrajes dispuestos en dos tardes intensivas, si por algo destacó la selección fue por la diversidad, tanto temática (en torno al sexo) como de forma. Quizás los nuevos tiempos hayan mermado el atrevimiento de Satan Said Dance (Kasia Rosłaniec, 2017), obra polaca que recuerda inevitablemente a Klip en su planteamiento extremo: sexo, drogas y Rock&Roll adolescente a través de las nuevas tecnologías. Y es que si Klip se veía a través de las grabaciones de un móvil, Satan Said Dance sigue las desventuras de Karolina como si fuese una serie de Instagram Stories. Sin embargo, lo que en la primera resultaba en crudeza explícita, en la segunda, quizás producto de su época, todo acaba en un buscado esparcimiento narrativo sin dirección ni foco y, esto otro quizás menos buscado, falta de atrevimiento e ideas. Cara y cruz de las formas hospedadas por el certamen podrían ser Pornocracy: The New Sex Multinationals (Ovidie, 2017) y Fluidø (Shu Lea Cheang, 2017). Si la obra de Ovidie es un acercamiento tan convencional y poco contrastado como revelador sobre cómo una misma empresa, MindGeek, ha convertido la industria del porno en una de las más oscuras muestras del ultraliberalismo capitalista de internet, la de Shu Lea Cheang es una desmelenada obra cyberpunk y macarra en la que, apoyándose en una futura distopía en la que los fluidos sexuales de los pacientes con sida son la más preciada droga, los falos, el semen y los orines se expulsan y exhiben a través de una estética tan cutre como alucinada, tan provocadora como pasada de vueltas.

Fluido
Fluidø

“Ves como no es porno, en el porno nunca se llora”
Skyler Braeden Fox

Vidas destrozadas por inseguridad sexual y física, adolescencias infernales, problemas más complejos que un prefijo hetero- u homo-… quizás se debería mostrar en los institutos el cortometraje más interesante del festival, The 36-Year-Old Virgin (Skyler Braeden Fox) para arrojar algo de luz. Aunque hablamos de un imposible porque claro, sale un hombre estimulando una vagina y eso traumatizaría irremediablemente a los chiquillos desconocedores de Pornhub, pero el cortometraje de Braeden Fox, un trans-masculino entrado en la treintena con curiosidad por ser penetrado vaginalmente por primera vez, deja en evidencia lo complejo de la identidad físico-sexual. El conflicto entre la excitación subconsciente por sentirse penetrada como mujer heterosexual y el rechazo a ese genital extraño a su género masculino conforman un documental crudo y descarnado donde hay sexo y lágrimas. Más previsibles, aunque también sinceros, resultaron La invisible T (Patricia Ortega, 2015) y O corpu nu (Diego Carvalho Sá, 2016) que continuaron con la temática de la aceptación personal y colectiva.

The 36-Year-Old Virgin
The 36-Year-Old Virgin

Si creemos lo que se dice al final de la primera temporada de la serie Big Mouth (Netflix, 2017), la animación es un buen refugio para hablar de temas atrevidos que, de otro modo, escandalizarían a los dignos herederos de los que en el Renacimiento tapaban los penes de las obras de arte del Vaticano. Al igual que la serie de Nick Kroll y Andrew Goldberg, fueron dos divertidas propuestas de animación, Cipka (Pussy) (Renata Gasiorowska, 2016) y Le clítoris (Malépart-Traversy Lori, 2016), las mejores soluciones para hablar del tabú del orgasmo y la masturbación femenina desde un punto de vista natural, cómico y educativo.

Cipka (Pussy)
Cipka (Pussy)

Un tema, el deseo y la sexualidad de las mujeres, que también abordaron otros cortometrajes como el divertido sketch que es Etage X (Fabritz Francy, 2016), la radical y explícita obra multipantalla Scum (Colectivo AberturaVaginal, 2016), el juego de dulces dobles sentidos que es Pastry (Eduardo Barreto, 2016), la melancólica Next (Elena Brodach, 2016), el collage reivindicativo que conforma Why Not Be Beautiful? (Sabrina Luna, 2016), la veraniega animación de Et ta prostate, ça va? (Jeanne Paturle, Cécile Rousset, 2015) y, finalmente, la atrevida y poética inversión de papeles profesor-alumna que es Hingsten (Stallion)  (Ninja Thyberg, 2015).

No faltaron acercamientos sobrios -más cercanos al sermón que a la reflexión- al tema de la prostitución (Vampiro, Álex Montoya) o los abusos (Gólyatábor, György Mór Kárpáti). Tampoco críticas desde un carácter más desenfadado a temas como el sexting (Texting: A Love Story, Jeanette L. Buck), otros cargados de una cierta sobreestilización como The City of Disere (Kim Baik, 2015) y Scopique (Alexa- Jeanne Dubé) u obras dignas de preceder la exhibición de Fluidø como Hanna & The Keta-boys (Theo Meow, 2016).

Aunque también vimos reflexiones coloristas sobre la iconografía de la imagen sexual (Misbehave, Pierre-Joseph Secondi) y, especialmente, del falo (Apollon de Loic Dimitch y Salada Mista, de Estevan de La Fuente), varios de los mejores cortos del certamen venían acompañados de un halo de mayor oscuridad e indefinición, más morbo que mensaje. Así es la onírica y nocturna Les iles (Yann Gonzalez, 2017), donde el subconsciente se manifiesta a través de la deformación y el voyeurismo en un relato que se va desmontando continuamente.

Les Iles
Les Iles

Más coloristas, jugando con los dobles sentidos y la naturaleza, se encuentran El polinizador (David Pantaleón, 2016) y El jardín de las delicias (Alejandro García, 2016). También, aproximaciones más cercanas a la danza contemporánea como Sonata (David Bloom, 2015), auténticas muestras de amor, poesía y humor como Botánica (Noël Loozen, 2017), el Kamasutra en el divertido clip animado de 69 Sec. (Laura Nicolas, 2016) o la aproximación pasional y carnal de dos cuerpos no normativos como Kollegen (Damian Weber, 2016) acabaron de componer un festival cuya esencia se podría resumir en una palabra tan expansiva como diversidad.


  • Mejor película Documental: 36 Years Old Virgin 
  • Mejor película de Ficción: Hingsten (Stallion) 
  • Mejor película Experimental: Scopique
  • Mejor película de Animación: Cipka (Pussy) 
  • Película más Sexy: Pastry 
  • Mención Especial del Jurado: Hanna & Keta Boys 
  • Mención Especial del Jurado: Le clitoris 
  • Premio del público: Cipka (Pussy)

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