ENTREVISTA A VESELA KAZAKOVA Y MINA MILEVA – ‘UN GATO EN LA PARED’

Un gato atrapado. Una sociedad atrapada

La 64 edición de la Seminci programó en su Sección Oficial Un gato en la pared (Cat in the wall) de las directoras búlgaras Vesela Kazakova y Mina Mileva. La película está protagonizada por Irina, una arquitecta búlgara que vive en un edificio de protección social en los suburbios de una ciudad de Reino Unido junto a su hijo y su hermano, ambos profesionales cualificados, pero con trabajos temporales. Irina trabaja como camarera y su hermano como antenista. A los retos económicos a los que se enfrentan se une una normativa del ayuntamiento por la que cada vecino tiene que pagar 25.000 libras por cambiar dos ventanas, medida que alimenta los prejuicios de Irina hacia el socialismo. Sin embargo, un día Irina se encuentra un gato en la escalera del edificio y decide protegerlo en su casa. Una decisión que conlleva sus consecuencias.

Cat in the wall -Revista mutaciones

A pesar de su condición de migrante, Irina tiene algún sesgo racial y xenófobo, ¿por qué decidisteis protagonizar Un gato en la pared (Cat in the wall) con Irina?

Vesela: Queríamos generar contraste entre los búlgaros y los británicos. Los búlgaros somos un poco racistas, y quizás sea comprensible por el hermetismo de un sistema comunista que duró cuarenta y cinco años y que imposibilitaba viajar al extranjero y conocer gente de otros países. Por ese motivo, quizás la mentalidad búlgara puede ser un poco cerrada.

Además de migrante, Irina es arquitecta, aunque no consiga trabajar de ello, y su hermano es geógrafo y tiene que trabajar como antenista…

Mina: Los migrantes que aparecen en las películas habitualmente suelen estar en riesgo de exclusión, con carencias económicas o con graves situaciones como los refugiados. Pero también hay otro tipo de migrantes, podríamos llamarles migrantes económicos, que se han visto forzados a mudarse de su país porque no encuentran oportunidades laborales. Estos migrantes también se enfrentan a un desafío laboral, ya que el mercado los aparta porque prefiere a los trabajadores locales.

Y entonces aparece el Brexit…

V: En realidad, el Brexit está incluido como trasfondo en Un gato en la pared para mostrar la relación entre la familia de Irina y el resto de vecinos. Durante el Brexit aumentó el miedo hacia el migrante del Este de Europa, y a raíz de artículos en medios de comunicación se incrementó el racismo hacia el extranjero. En Cat in the wall mostramos este miedo hacia el extranjero cuando los vecinos quieren recuperar su gato y se genera la discusión en el balcón y le dicen a Irina que viene a robarles sus trabajos y sus gatos.

M: Y los beneficios sociales. (Risas).

V: Pero en realidad, el Brexit no tiene una relevancia significativa en la película, es un tema que tocamos de soslayo.

Cat in the wall-Revista mutaciones

El gato tiene una función importante en la película, no solo da título a la obra, sino que es un disparador de la trama…

M: El gato es un animal mágico, completamente libre y representa la feminidad. Además, el gato va de la mano de Irina. Su comportamiento es un tanto ilógico como lo es el comportamiento de la sociedad. Además está atrapado, al igual que nosotros lo estamos.

¿Y cómo fue trabajar con un gato?

M: En realidad fue sorprendentemente fácil, su comportamiento fue fantástico, es un gato irlandés que se llama Cheddar. Al principio tuvimos nuestras complicaciones, porque el gato se escondió los dos primeros días bajo el sofá y no había manera de que saliera, pero después se incorporó al rodaje un susurrador de animales al que el gato obedecía y todo fue facilísimo.

V: Lo primero que nos dijo el susurrador de animales es que nos estábamos dirigiendo en un idioma incorrecto al gato, ya que Cheddar entiende el irlandés y no el búlgaro. Por lo que le estábamos enloqueciendo. (Risas). Después fue todo más sencillo, el niño se hizo amigo del gato, y el camarógrafo tenía una relación especial con él.

¿Y el niño?

V: Pues sorprendentemente también fue muy fácil trabajar con él. El chico es muy sensible, tiene una imaginación increíble y una capacidad de concentración inusual, podía estar involucrado horas en el rodaje.

M: Por otro lado, también es introvertido y tímido. Nosotras fuimos honestas con él, le decíamos qué queríamos en cada escena y dejábamos claro que lo que estaba ocurriendo pertenecía a la ficción.

V: Él es búlgaro, pero lleva ya cuatro años en Reino Unido. A pesar de ello, durante el rodaje hablaba mejor búlgaro por la relación con los abuelos.

M: Al principio, nos costó que se involucrara en el rodaje, pero Vesela se reunió con él y trabajaron con piezas de Lego para construir un hipotético set de rodaje. De esta manera él sabía que estaba involucrado en una ficción. Vesela realizó un acercamiento profesional magnifico con él, y así conseguimos tranquilizar también a los padres.

¿Cómo os conocisteis y cómo empezasteis a trabajar juntas?

M: Yo he estado trabajando en animación durante 20 años en Londres, y Vesela es una actriz muy popular en Bulgaria. Ella comenzó a realizar un documental sobre la vida de su madre y me pidió si podía encargarme de la animación. Los derechos del documental fueron comprados por la televisión nacional búlgara, y tuvimos que montar una productora conjunta para poder vender los derechos. Así nació nuestra productora, Activista38, llamado así por nuestro interés en temas sociopolíticos.

Un gato en la pared

¿Y cómo llegáis a escribir y rodar Un gato en la pared?

M: Un gato en la pared es un proyecto diferente donde mezclamos el humor con el drama. Anteriormente habíamos trabajado en dos documentales relacionados con el comunismo, que generaron mucha controversia en Bulgaria. A razón de aquellos documentales nos ganamos varios apelativos, entre ellos “el dúo demoniaco”.

Esta es vuestra primera ficción, ¿qué planes tenéis para el futuro? ¿Seguiréis haciendo ficción o volveréis al documental?

M: Para nosotras es más sencillo producir ficción que documental.

V: Para producir un documental puedes emplear cinco años de rodaje, más la posterior edición y presentación en la que puedes invertir otros dos años. Es un proceso muy largo.

M: Y no solo eso, nosotras nos encontramos con numerosos obstáculos legales cuando grabamos nuestros documentales anteriores.

V: En la ficción el reto está en la organización, producir una película es muy caro y conseguir la financiación es difícil. Pero la ventaja es que no trabajas con personajes reales, es ficción, los actores están interpretando un papel.

M: Por ejemplo, un personaje que firma un contrato para un documental, como el proceso es tan largo, en algún momento dado puede desinteresarse en el proyecto, y te puede dejar tirado.

V: Trabajar con la gente en la vida real conlleva un riesgo.

Decía Agnes Varda que los directores de ficción debían transitar de vez en cuando por el género documental ya que este les humanizaba…

M: Sí, pero yo creo que en nuestro caso nos marcó el cuestionamiento ético y moral  al que nos enfrentamos al grabar documentales, y han sido los mismos principios que hemos aplicado al grabar ficción.

Muchas gracias por todo, Mina y Vesela.

M: Gracias a ti, y no te olvides de mencionar que alrededor de febrero estrenaremos en cines en España. (Risas)

 

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