ENTREVISTA CON MONICA STAMBRINI

Publicada en Publicada en Entrevista, Especiales, Filmadrid 2018

“Solo usamos categorías para sentirnos seguros, son muy fáciles de cambiar y moverlas de un lado a otro”

Si hubo una sesión especial en la pasada edición de Filmadrid esa fue la de Monica Stambrini. Dentro del Foco Endless Night (dedicado a películas que suceden en una sola noche) y en la renovada Sala Equis, la cineasta italiana presentaba Queen Kong e Io sono Valentina Nappi. Acompañada de su protagonista, la pornostar italiana Valentina Nappi, la sesión de la Sala Equis divirtió, provocó e hizo replantearse a más de uno las barreras que separan el mundo del porno y el cine de autor. Etiquetas dentro de ese ente de nombre horrible que llamamos “audiovisual” y que Stambrini ha conseguido ignorar. Su cine navega entre multitud de aguas sin prejuicios y, mejor aún, de forma totalmente orgánica y natural. Su trabajo no intenta derribar barreras, directamente no las tiene. No pudimos, por tanto, dejar pasar la oportunidad de hablar con ella a la mañana siguiente de la proyección y preguntarle sobre todas esas etiquetas que ella destroza haciendo, simplemente, lo que quiere y disfruta.

Monica Stambrini, Valentina Nappi y Nuria Cubas (directora de Filmadrid) en la sala Equis. Foto de Roberto Arosio
Monica Stambrini, Valentina Nappi y Nuria Cubas (co-directora de Filmadrid) en la sala Equis. Foto de Roberto Arosio

Tanto Queen Kong como Io sono Valentina Nappi son difíciles de clasificar. Normalmente el porno, el posporno y el cine de autor se mueven por vías distintas. Sin embargo, las dos obras son las tres cosas a la vez. Pero…el camino final de ambas en cuanto a distribución ha sido el del cine de autor mediante los festivales. ¿Al cine le hace más falta el porno que al porno el cine?

Ambos se necesitan.

…Pero ayer, tras la proyección, decía que quería introducir el porno al cine y no al revés porque es una cineasta.

Bueno, siempre me ha gustado el cine y siempre he disfrutado más las buenas obras con buen sexo en ellas. No solo explícito sino como temática más que como cosa. Eso es con lo que crecí y lo que siempre quise hacer. No crecí viendo porno, obviamente he visto pero mi deseo no estaba allí, estaba en el cine. Adoro ver películas como Nymphomaniac (Lars Von Trier, 2013) que hablan del sexo y son libres para hacerlo y mostrarlo y, aun así, saben que cuando hablas de sexo hablas de individualidad, de identidad. Es muchas cosas, no solo el follar. Con estas películas, especialmente con Io sono Valentina Nappi, no me pregunté qué estaba haciendo. Pienso como Tonino De Bernardi, que está por aquí también, él es muy famoso en el cine underground y siempre ha sido libre para hacer lo que quería sin guion o trama durante qué, cuarenta películas… El cine no es solo Hollywood, aún es un arte joven y no sabemos en qué se va a convertir.

Con películas como Love, Nymphomaniac, Batalla en el cielo, El desconocido del lago, ¡Fóllame!, etc, además del sexo explícito representado en la imagen, ¿qué hace que algo sea porno y qué no? ¿Cuál es el código específico que los diferencia, si es que lo hay?

Creo que la diferencia en Io sono Valentina Nappi es la duración, que el sexo dure veinte minutos es lo que en realidad la hace porno, esa podría ser la diferencia entre qué es y qué no. Pero son todo categorías que usamos solo para sentirnos seguros y es muy fácil cambiarlas, moverlas de un lado a otro. No creo que Queen Kong pueda llamarse porno porque no te da tiempo suficiente para excitarte. Otra diferencia es que el último propósito de un film porno es que tengas una erección y, puede, que te corras. Si la película tiene otros niveles es muy difícil tener una erección y eyacular porque empiezas a pensar y a darle vueltas a muchas cosas. Queen Kong no es porno, Io sono Valentina Pappi probablemente lo sea pero hay una narrativa así que no sé en qué cantidad puede serlo. La gente del porno dirá que no es porno y la del cine dirá “¡Ohh!, es porno”. Ese es el destino de las dos películas. Creo que no son tan porno, desearía que lo fueran más pero en realidad no lo son tanto.

Io sono Valentina Nappi foto dal film 4_big
Io sono Valentina Nappi

¿Existe la mirada pornográfica en el cine?

Puede que esté en los planos detalles, ya sabes, si te acercas mucho y encuentras esas partes… En Io sono Valentina Nappi hay solo un detalle en el que ella está haciendo una mamada y vemos un detalle de su culo y su vagina. Pero es que adoro los planos detalle en el cine, cómo dirigen tu mirada es algo que realmente hace que te lleguen las cosas, tu atención va hacia allí y centras tu foco en ello. Vale, es porno pero el porno también es humano, donde miramos e incluso lo que pensamos. Nuestras fantasías son porno.

La diferencia de lo que se suele llamar porno y erotismo en cine es que en el porno es sexo real y hay una necesidad de grabar esos planos detalles de la penetración para documentar esa realidad, esa verdad. ¿No es también ese detalle una necesidad de demostrar un sexo que en el cine convencional no llega a producirse en realidad?

Sí, pero también es porque si ves la penetración ya te califican para mayores de dieciocho años y se te complica la distribución, la publicidad en televisión, en cines… Se te cierran muchas puertas. Ahora, cuando se ve una penetración no tiene ya porque ser real, aunque veamos el detalle. Puede ser por un lado un primer plano del hombre y por otro el del pene, y hay muchos medios de falsearlo. Si no se hace más es por la censura. Hasta hace poco en Italia, solo por mostrar un pene en una película esta ya era para mayores de dieciocho años.

Queen Kong
Queen Kong

Io sono Valentina Nappi cumple con lo que es una escena de sexo pornográfica pero a la misma vez no lo es. Además de la improvisación, tanto en los diálogos como en el sexo, ¿cómo se trabajó el tiempo que se dedica a cada cosa, especialmente desde el montaje? Porque el resultado es que hay una introducción muy larga para una escena porno pero también un sexo muy largo para un documental no pornográfico.

¡Perfecto! (risas)

…¿Estaba premeditado que con este equilibrio se conseguiría esta ambigüedad?

Creo que vino de forma natural. Como directora soy más instintiva que racional y confió más en mis impulsos que en mi cabeza. Además Valentina era coproductora por lo que tenía que escuchar lo que me decía de vez en cuando (risas) y ella quería que hubiese una larga escena de sexo, más espacio, quería porno. Yo también sabía que quería que el sexo fuese largo pero luego pensé que el sexo es largo en la realidad cuando lo hace Valentina, quizás cuando lo hago yo es solo unos minutos… (risas). Ella me habló de tener sexo con este chico (Lorenzo Branca) con el que también se acuesta en la vida real, ya sabes, son follamigos. Ellos follan y luego caen dormidos, se despiertan y empiezan a hacerlo otra vez. Me gustó esa idea larga y exahusta del sexo, tomarte tu tiempo y que la película muriera a la vez que el sexo.

Entiendo que hay infinitos caminos para hacer porno feminista pero, ¿qué hace que deje de serlo?

Cuando se dice “porno feminista” pienso en lo gracioso que sería hablar de porno “masculista”, “machista” me dicen que sería en España. No sé, no creo en estas definiciones. Hay porno “machista” que me gusta y disfruto pero, claro, soy mujer y, como cualquier mujer inteligente, creo en la igualdad de derechos. El feminismo ha hecho mucho recientemente incluso en el porno porque hay más mujeres interesadas en hacerlo pero también hay una batalla contra el feminismo antisexo. Aunque también hay feminismo prosexo cada vez que veo un trabajo, por ejemplo, de Erika Lust no me gusta, es falso para mí como artista, es una operación. Ella es una muy buena mujer de negocios pero como artista no me gusta lo que hace, es una cosa falsa. Utiliza el feminismo como etiqueta, como marca personal. Otras veces es verdad que veo cosas en el porno hecho por mujeres y digo, “esto es de una mujer”, así que sí, algo hay. Por tanto es bueno que cada vez haya más mujeres ilusionadas en hacer porno pero no creo en el porno feminista. No ya hablando solo de porno, en cuanto al arte, muchos directores hombres han hecho increíbles retratos de mujeres y, sin embargo, son hombres…

En Queen Kong el protagonista tiene problemas de erección, en Io sono Valentina Nappi, ella tiene la regla. Dos elementos que no suelen aparecer ni en el porno mainstream ni en el cine comercial con normalidad. ¿Fueron elementos que querías introducir de partida?

Io sono valentina Nappi
Io sono valentina Nappi

Fueron dos cosas diferentes, en Queen Kong fue un elemento de partida como lo es todo en ese trabajo. En Io sono Valentina Nappi fue algo que simplemente pasó. Desearía que se hubiese visto más sangre pero solo hubo un poquito, era el principio de su periodo. Ella simplemente dijo “oh, mierda, mi periodo” porque pensó “ya no me podrán chupar el coño” (risas).

En los setenta, el porno abandonó los cines y se fue hacia el consumo doméstico. Ahora el cine cada vez se consume más de la misma forma, en privado y en casa. ¿Crees que esta confluencia en las formas de consumo va a provocar una unión?

Creo que es un problema que Netflix, Amazon, etc, quieran que tus hijos vean solo sus cosas y que lo hagan sin moverse de casa, eso mantendrá el consumo solo en el ámbito doméstico. Aun así, en cuanto a la unión, son dos cosas diferentes. Netflix nunca compraría Queen Kong.

…Pero Netflix y Pornhub no son tan diferentes en cuanto a plataformas de consumo en VOD.

El porno va a llegar a los niños de todas formas. Cuando tú pirateas una película, te aparecen por todos lados anuncios con tetas o pollas. Sin embargo, si eso aparece en Netflix y lo ven mis hijos puedo demandar a Netflix. Si pirateo, ya sea cine o porno, no puedo demandar a nadie porque yo soy el primer criminal. Pero no estaría mal, tengo la esperanza de que haya conexiones, que la gente vea películas en cines y también al revés. Puedes ver en estas plataformas Juego de Tronos que es muy porno y luego ver Io Sono Valentina Nappi en cines como la Sala Equis…

 

  

Entonces, quizás sea la forma de consumir lo que ayuda más a clasificar las obras en mundos estancos que las propias obras en sí.

Sí, claro, eso hace la principal diferencia. Si tú ves algo en sala sientes que es cine pero creo que el objeto en sí, independientemente de donde lo veas, leas o consumas, si es bueno es bueno y eso es lo que importa. El medio puede decidir las etiquetas con las que lo clasifican pero lo importante al final no es eso, es el mensaje.

En Queen Kong encontramos el mito del fauno que se encuentra a una persona en el bosque pero esta vez cambiado de género. Ella es el fauno que asalta sexualmente al hombre. Tras la proyección comentabas que era importante que el protagonista fuese masculino porque se suele presuponer que el porno feminista tiene que estar protagonizado por una mujer. ¿Qué idea había detrás de este intercambio en el mito?

Valentina Nappi en Queen Kong
Valentina Nappi en Queen Kong

No lo sé exactamente pero me gustaba lo de darle la vuelta. Es muy divertido cambiar las cosas, estás acostumbrado a hacerlo de una forma pero si le das la vuelta funciona también. Me gusta ese concepto. Podríamos decir de forma simple que es una porno de venganza (revenge porn), mi psicoterapeuta lo cree: “te estás vengando de todos los hombres porque tu padre blablabla” así que supongo que algo de eso tendrá. La mujer, la hembra, viola al hombre por lo que puede que sea cierto, pero eso es lo bonito del cine, esa violación puede ser muy irónica. Admito que hubo veces que me asusté por ello. Pensé “Oh, Dios mío, estoy haciendo una escena de violación, esto es terrible”. Pero es que eso es lo que me gusta del cine, puedes poner tus fantasías en la vida, reaccionar ante ellas y, ya sabes, hacerlas menos terroríficas.

…Y la violación revierte la impotencia inicial del protagonista

Si, él dice “me das asco” y, sin embargo… Eso es algo muy divertido del deseo, a veces algo que nos disgusta se convierte en algo que nos gusta. A veces puedes sentir deseo de repente por alguien que normalmente no te gusta. Quizás sea esa otra relación de la película con el porno, lo sucio pero que al fin y al cabo nos excita. Sin embargo, algo como lo de Erika Lust donde todo es perfecto…bah, nada de excitación.

Io sono Valentina Nappi
Io sono Valentina Nappi

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