EMA

Bailar el orgasmo de la vida

EMA-mutaciones

Se ve un semáforo arder en llamas. Es de noche y una mujer con el pelo teñido de rubio platino contempla ese minúsculo espectáculo que ha creado para sí misma. Ella es Ema, una joven bailarina que da clases de danza a niños en un colegio y forma parte de un grupo de baile que hace representaciones artísticas dirigidas por su marido, Gastón, doce años mayor que ella. Ambos adoptaron a Polo pero, después de un tiempo de convivencia, acaba siendo devuelto porque fracasaron en su crianza. Ema siente un dolor profundo que se transforma en rabia hacia Gastón y se extiende más allá de él, conquistándolo todo. Al igual que los protagonistas de las últimas películas de Pablo Larraín, Ema se encuentra en un momento vital que bascula entre el absurdo y la ira por la incomprensión.

Como el publicista contratado para diseñar la estrategia mediática del NO en el plebiscito nacional de Chile de 1988 en No (2012), el sacerdote que lucha por conseguir una Iglesia nueva en un centro de penitencia y oración para religiosos criminales en El club (2015), o ese Pablo Neruda que sueña con convertirse en un instrumento del comunismo internacional exiliándose de Chile en Neruda (2016), Ema busca iluminar y alcanzar el entendimiento. Volverá a estar cerca de Polo y para lograrlo será capaz de todo. Ella se siente orgullosa de enseñar a sus niños la libertad a partir del baile y hará testigos a los espectadores de su conocimiento absoluto del concepto y su materialidad física en el baile del reggaetón.

“Mamá Ema, yo la amo a usted”, le recuerda Gastón imitando la voz infantil y el acento colombiano de Polo en uno de esos encuentros de ambos en los que se desarrollan crueles intercambios de reproches desde una puesta en escena basada en el plano/contraplano con la cámara estática y encuadrando frontalmente a los dañados personajes. En ese encierro estético se agitan el amor y el odio, el deseo y el asco, que producen un efecto de extrañamiento que por momentos eleva el ánimo hasta la risa, y por otros, lo entierra hasta esa horrible profundidad donde se esconde la vergüenza ajena. Larraín es un gran director de actores y también se ha sabido rodear de colaboradores excepcionales. Los diálogos agudos y ágiles proceden de un trabajo dramatúrgico notable, de elaborada construcción sintáctica, pero que sabe adecuarse a la realidad social de sus personajes; es la evidencia de la buena salud que corre la contribución narrativa que aporta Guillermo Calderón, coautor de El club y Neruda, en el guion.

La riqueza de las caracterizaciones de un reparto variado en cuanto a orígenes, sueños, filias y fobias recorren el espacio fílmico al antojo de la autoproclamada coreógrafa de los movimientos de todos. Ema lo puede todo. En la renuncia de seguir el camino correcto, aparentemente justo, se convertirá en una manipuladora total; el egoísmo de sus acciones, sin embargo, le brinda el conocimiento de la senda hacia el entendimiento humano y se transformará en alguien que da paz y amor, porque se ha hecho dueña de su gracia, la mágica atracción que genera sobre los demás, el apetito sexual que despierta en quien ella desee. El semáforo se derretía y ella lo observaba en soledad; el coche arde y las chicas lo celebran; ella transgrede la idea de familia y matrimonio, y salvará así a varios.

El planeta está ardiendo, especies de animales al borde de la extinción, inundaciones, desprendimientos de tierra. Parece que el mundo entero se ahoga en la sinrazón y la apatía y que el colapso medioambiental es ya inevitable. No obstante, cuando suena música reggaetón surge el impulso de bailar el orgasmo que fue el origen de todos, capturar el clímax del placer para suspender lo demás y Ema, en su danza, pasa de ser proyección en una pantalla blanca a la sangre roja que hierve con la ilusión de una última esperanza.


Ema (Chile, 2019)

Dirección: Pablo Larraín/ Guion: Guillermo Calderón, Pablo Larraín, Alejandro Moreno/ Producción: Juan de Dios Larraín/ Fotografía: Sergio Armstrong/ Montaje: Sebastián Sepúlveda/ Diseño de Producción: Estefanía Larraín/ Música: Nicolas Jaar/ Reparto: Mariana Di Girolamo, Gael García Bernal, Paola Giannini, Santiago Cabrera, Josefina Fiebelkorn, Mariana Loyola, Catalina Saavedra.

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