EL HILO INVISIBLE

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El hilo infinito

Cuesta elegir cuál es la mejor película de Paul Thomas Anderson, esa obra que destaca sobre las demás y por la que se recuerda a un artista. Lo de “ese es el director de X película” es una definición reduccionista e imposible de realizar hacia el director californiano. Un cineasta inmenso que llega a la obra maestra en cada largometraje que emprende desde hace más de veinte años. Muchos han sido los temas, los géneros, los actores, las épocas, los tonos o las atmósferas. Incluso hablamos de diferentes estéticas y rasgos formales. El misterio que las hace grandes está más allá. Al igual que ocurría con maestros de la talla de Howard Hawks o Jean Renoir, el estilo que define el arte de PTA está por encima de una simple enumeración de características temáticas y formales. Su corazón está más oculto y hay que buscarlo en las profundidades. Por tanto, el estreno de El hilo invisible ya no solo significa la llegada de una película inmensa a la cartelera, sino un paso más, un nuevo mundo a descubrir dentro del cosmos PTA.

El hilo invisible

Por primera vez en la filmografía del californiano la historia se sitúa fuera de Estados Unidos, concretamente en el Londres de los años de posguerra. Los ecos de la contienda resuenan pero lejos, lo justo para que veamos lo alejado que estaba el mundo retratado de la realidad social. Hablamos de la alta costura, vestidos para aristócratas y princesas. De primeras, podemos decir que El hilo invisible es un relato sobre la creación y, por ende, de la figura del creador. En este caso un obsesivo y controlador modisto llamado Reynolds Woodcock. Elegante en su estridencia, insensible pero tremendamente frágil, caprichoso como un niño y frío como una tumba, enamoradizo pero sin sentimientos, solitario pero siempre acompañado, creador tan apasionado como atormentado…, solo Daniel Day-Lewis podría encarnar a un personaje de tantas aristas y contradicciones. Si esta es su retirada, el británico se despide con otra interpretación excelsa en una narración que sustrae todo lo que cualquier otro necesitaría para contar la historia. Y es que en El hilo invisible, los diálogos son escasos y cortantes pero todo lo que se dice de verdad suele ser lo que sucede entre las frases: los gestos, las muecas, los silencios, los tactos en la tela o las miradas. Son precisamente estas últimas las que desarrollan la escena más sobresaliente de la película, una conversación silenciosa apasionada, turbia y compleja alrededor de una tortilla de setas, todo un clímax apoyado en dos miradas imperturbables y unas mentes que, sin saber cómo, leemos a la perfección.

El hilo invisible

La otra autora de esas miradas es la musa, una joven camarera llamada Alma convertida en modelo y amante del diseñador. La joven de pómulos rosados y mirada tímida que encarna Vicky Krieps a un nivel capaz de competir con la presencia del mismo Day-Lewis de igual a igual abre la película para contar, contarnos, su relación con el distante creador. De aspecto frágil e inocente, la joven entra en la película como inspiración vitalista de ese hombre fantasmal aislado del mundo real. Sin embargo, en las películas de PTA nada se puede definir en una frase simple y esta historia sobre un creador, su creación y su musa acaba por ser otra cosa muy distinta. Las disonancias musicales de Jonny Greenwood y la fotografía -del propio PTA, de equilibradas tonalidades pero encuadres viscerales y agresivos en su perfección, llevan lo que parecía ser un retrato desde la masculinidad del creador a convertirse en el relato feminista de una relación de igual a igual donde ambos guardan luz y oscuridad. Amor, en definitiva. Una relación enfermiza pero imprescindible, lejos de cualquier cursilería pero tremendamente vitalista. Más cercana al Hitchcock del fetichismo enfermizo de Vértigo (1958) y Psicosis (1960) que cualquier otra de sus películas anteriores, El hilo invisible retrata la creatividad, la vida y el amor como un mundo infinito, oscuro y misterioso, más claro al tacto que al ojo, más allá de clasificaciones sobre el bien y el mal. Quizás sea ese el verdadero estilo de Paul Thomas Anderson, la asfixiante extensión del infinito.

El hilo invisible


El hilo invisible (Phantom Thread, EEUU, 2017)

Dirección: Paul Thomas Anderson/ Guion: Paul Thomas Anderson / Producción: Paul Thomas Anderson, Chelsea Barnard, Megan Ellison, Peter Heslop, Jillian Longnecker, Daniel Lupi, JoAnne Sellar, Adam Somner / Música: Jonny Greenwood / Montaje: Dylan Tichenor / Fotografía: Paul Thomas Anderson/ Reparto: Daniel Day-Lewis, Vicky Krieps, Lesley Manville, Richard Graham, Bern Collaco, Jane Perry, Camilla Rutherford, Pip Phillips, Dave Simon, Ingrid Sophie Schram.

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