DOCUMENTAMADRID 2019: LARGOMETRAJES INTERNACIONALES

Acortando distancias

Este 2019 la decimosexta edición de Documentamadrid presentó en su competición internacional de largometrajes diez obras de múltiples nacionalidades y registros, los cuales presentaron tres diferenciadas dialécticas entre la mirada del cineasta y la realidad representada. Por un lado, la perspectiva personal como constructora de relato: en algunos casos de forma evidente, como en Journal de Septembre, Madame (Premio del Jurado) y Midnight Traveler (Mención especial del jurado y Premio del público). En otros casos, la perspectiva personal se difumina al entregar la narración a otros sujetos, como en Selfie, Charleroi le pays aux 60 montagnes y Xalko (Mención especial del jurado). Por último, By the name of Tania, Caballerango, Cerro Quemado y The Border Fence son narrativas que mantienen la distancia mediante un dispositivo cercano a lo observacional, sin la intervención directa de la reflexión del autor.

La selección de títulos ofrecidos este año refleja un claro compromiso con el cine de no ficción en su riqueza de planteamientos estéticos. La oportunidad para el público de descubrir las múltiples posibilidades brindadas por miradas tan diversas geográfica y generacionalmente, con la participación entusiasta de los cineastas tanto en sus proyecciones como en las de sus colegas, motivó un festival de coloquios e interacción fluida entre audiencia y artistas.

El palmarés refleja una clara tendencia a dignificar las obras que transmiten historias poderosas, más que a valorar las películas que encuentran su esencia en mecanismos cinematográficos específicos. Asimismo a pesar de la precariedad técnica de Midnight Traveler, su conmovedora historia motivó a la audiencia a entregarle el premio del público de todo el festival.

Selfie (Agostino Ferrente, Italia, Francia, 2019)

SelfieUn dispositivo como puerta de acceso a una naturalidad reservada exclusivamente para la realidad, sin embargo cruzada aquí por la decisión del cineasta de abstenerse de sí mismo y entregar la cámara a sus propios personajes. Dos jóvenes napolitanos, Pietro y Alessandro, se graban a sí mismos con sus teléfonos móviles, invitando al espectador a presenciar la realidad de una juventud trastocada por la violencia cotidiana, la falta de oportunidades y la tragedia de un chico como ellos, fallecido en manos de la policía. Es así como se derrumban todas las fronteras sociales o culturales que pueden existir entre la audiencia y los personajes, y el relato se construye orgánicamente a partir de la vibración de la cámara, que pasa a ser como una extensión de los cuerpos de los protagonistas, y las miradas fijas de los jóvenes hacia el objetivo, que más que mirar hacia la audiencia, están mirándose a sí mismos. (FL)

Diario de septiembre (Journal de septiembre, Eric Pauwels, Bélgica, 2019)

JournaldeseptembreEn la última película de Eric Pauwels el cineasta plantea un ensayo audiovisual estructurado en la forma de un diario filmado a lo largo de los días de septiembre. De manera libre e inequívocamente festiva, captura con su cámara breves momentos de cotidianidad que alimentan la alegría de su espíritu creativo. No es una condensación arbitraria de pedacitos de presente, es una selección modesta de imágenes, que aunque puedan resultar intrascendentes por ordinarias, hilvanan un relato que es, a la vez, una oda a la naturaleza y un canto a la misma vida. Pauwels recuerda al poeta de la monotonía en Paterson (Jim Jarmusch, EE.UU., 2016), que veía con ojos infantiles y puros las maravillas que podía contener una caja de cerillas. No obstante, a diferencia del conductor de autobús protagonizado por Adam Driver, la interpretación del mundo exterior no se manifiesta exclusivamente en texto, pues los recursos y los formatos son variados: ilustraciones, citas literarias, grabaciones en digital, extractos de films analógicos anteriores…

La unidad viene dada por la mirada del director que es capaz de presentar un flujo de información que parte de una intimidad muy clara, pero que abre ventanas hacia el otro, invitando a nuevas voces a sumarse a la escritura de su mágico mes de septiembre; evocando el pasado y soñando el futuro. (RG)

Caballerango (Juan Pablo González, México, 2018)

CaballerangoEl cineasta vuelve a su ranchería de origen donde filma alrededor de la historia de Nando, un joven que decidió quitarse la vida. A través de testimonios de habitantes del lugar, nos enteramos que el suicidio es un mal que ronda por la ranchería y que responde a un sin sentido que los jóvenes experimentan en el México rural. El cineasta sin embargo abarca solo la superficie de un territorio, sin cavar más profundo para encontrar tesoros que ayuden a vislumbrar la naturaleza de un virus que transita en el aire. El uso constante de planos fijos enmarcando la acción como si de una postal se tratase aleja al cineasta de sus imágenes, exceptuando su presencia latente en un movimiento de cámara en el último plano, como si quisiera firmarlo con su autoría pero sin atreverse a renunciar a ella para dejar las imágenes latir bajo su propia cadencia. (FL)

The Border Fence (Die Bauliche Massnahme, Nikolaus Geyrhalter, Austria, 2018)

TheborderfenceEn Abendland (Austria, 2011) Nikolaus Geyrhalter proponía una lectura de la noche europea desde la perspectiva de una cámara en movimiento constante. Buscaba encontrar claves de identificación en una sociedad que, aunque activa también en el ocaso, parecía adormecida entre las fiestas escogidas (un Oktoberfest lleno de alcoholizados, una rave con danzarines catatónicos) y protegida por una policía en perpetua vigilancia de fronteras (Ceuta y Melilla) y de calles, mediante complejas redes de vídeo de seguridad urbana (Londres). En The Border Fence, asienta el área de filmación en el Tirol – región alpina dividida entre Austria e Italia -, ancla la cámara en el trípode y, a partir de encuadres con una composición cuidada, enlaza testimonios de vecinos en torno al tema de una valla que será implantada para separar físicamente la región. Los televisores y las radios en coches, hogares, restaurantes y bares proyectan las voces y las imágenes de unos políticos que prometen velar por la integridad de Austria y devolver a Italia a los migrantes que crucen.

Si en Abendland el foco estaba puesto sobre el gesto y el estado del cuerpo; en The Border Fence, lo encontramos en la oralidad y el estado de la mente. El retrato que entrega Geyrhalter al espectador es el de un pueblo con la virtud de la palabra precisa, de exponer sus preocupaciones sin retorcer los sentidos y mecanismos del lenguaje. El discurso acaba por expandir el localismo tirolés al hermanamiento de una humanidad plurinacional desintegrada por la guerra, la desigualdad y la miseria. (RG)

By the name of Tania (Mary Jimenez, Bénédicte Liénard, Bélgica, Holanda, Perú, 2019)

By the name of TaniaEnmarcada en la selva amazónica peruana, con un diseño de sonido apabullante y una construcción narrativa ficticia sobre un contexto real, By the name of Tania narra el camino de una joven hacia los infiernos, hacia un carnaval de enmascarados que danzan observando su devenir trágico de trata de mujeres para comercio sexual. El punto de vista es construido como en una película de ficción, en la cual la cámara se invisibiliza para entregar todas las herramientas a los sujetos, quienes interpretan un rol que podría haber correspondido a muchas mujeres que viven ese infierno en realidad. Es la elección de dejar ese terreno de arenas movedizas a la ficción lo que genera tanta empatía con la ficticia Tania y el resto de mujeres, ya que ellas son sólo la bandera de muchas otras y como bien lo indica el título del film, en este contexto las mujeres deben tomar otros nombres, interpretar roles ficticios, para así protegerse del horror que viven día a día. (FL)

Madame (Stéphane Riethauser, Suiza, 2019)

MadameLa ópera prima de Stéphane Riethauser podría titularse: La bruja y Quasimodo. También se podría asumir como un cuento de hadas contemporáneo que un nieto le narra al fantasma de su abuela.

Ella es la bruja y él es Quasimodo. Él escribe la historia, pero está totalmente inspirado por ella al hacerlo. Los materiales son muchos, la selección es exhaustiva y el cuento mezcla homenaje, confesión y activismo social. Riethauser toma las grabaciones de voz de su abuela, los vídeos en los que la entrevistaba, los viejos rollos de súper 8 de la infancia, cartas y fotografías y articula una película que bascula entre dos individuos cuyas esencias no complacen a quienes les rodean. A ella la llamaban bruja porque cuando tenía la certeza de que ya no amaba a su marido tomaba el camino del divorcio y porque jamás quiso entregar su vida al cuidado de sus hijos. Él contempló escondido durante mucho tiempo un mundo en el que anhelaba ser desde el sombrío templo de la represión, negándose a sí mismo por su homosexualidad.

Las biografías se fusionan y las revelaciones se celebran con una banda musical llena de canciones. Es una carta de amor y una promesa de lucha perpetua contra la sociedad patriarcal y a favor de la diversidad y la igualdad. Los fragmentos de representación infantil a partir del archivo familiar recuerdan a episodios de Tarnation (Jonathan Caouette, EE.UU., 2004 ), pero con un tratamiento cómico más amable y conciliador, aunque también con la intención de exorcizar demonios con la ayuda de maquillaje, disfraces e histrionismos. (RG)

Cerro Quemado (Juan Pablo Ruiz, Argentina, 2019)

Cerro QuemadoCon un dispositivo basado en planos secuencia que siguen a tres mujeres de linaje coya surcando el paisaje de las altas cumbres al norte de Argentina, este documental presenta a Micaela en su camino para reunirse con su madre y su abuela, herederas de una cultura en vías de desaparición. La película pretende un hallazgo en el encuentro entre ellas, sin embargo ninguna pareciera lograr alcanzar las otras, convirtiéndose la cámara en mano de respiración entrecortada en un personaje más que evidencia esa desconexión. Una frustración que sin embargo habla de la desaparición de una cultura: si la hija no puede alcanzar a la madre y ninguna de ambas puede andar al mismo ritmo que la abuela, tal vez ahí está la razón de por qué una cultura como la coya se desvanece sistemáticamente frente a los ojos del tiempo: las generaciones van quedándose atrás, la transmisión de la cultura no se alcanza a realizar. Y para el cineasta, el andar de un extranjero lo sentencia a quedarse fuera, pero el ojo de la cámara atesora desde la distancia las imágenes que atestiguan una carrera perdida. (FL)

Midnight Traveler (Hassan Fazili, Emelie Mahdavian, EE.UU., Reino Unido, Qatar, Canadá, 2019)

Midnight TravelerLas vicisitudes de una familia afgana se narran en esta terrible película sobre el viaje de una familia que huye de la amenaza de los talibanes. Hassan Fazili y Fatima Hussaini son dos cineastas que tratan de encontrar asilo en Europa y registran el trayecto con tres teléfonos móviles. De la esperanza inicial poco irá quedando a medida que los días vayan transcurriendo, ya que, a pesar de estar cada vez más cerca de la meta, la burocracia dejará en suspenso indefinido la estancia legal en algún país europeo. El dispositivo es precario en cuanto a la técnica, pero Fazili es capaz de trascender los límites de los medios y filmar en clave de película doméstica un diario de viaje admirable por la emoción y la exclamación de denuncia.

De manera expositiva se asiste a las distintas fases, al auxilio de amigos y migrantes que se encuentran en la misma situación, a la amenaza de los traficantes de personas y a la violencia xenófoba de los intransigentes en Bulgaria. Ese contenido documental del camino se fragmenta con destellos de genio infantil cuando la voz y presencia de Nargis, la hija mayor del matrimonio, se ofrecen directamente al espectador. Inocente y pura vive la terrorífica odisea como un relato de aventura, hasta que con 10 años se da de bruces con la realidad, tal fealdad que le hace renegar del periplo y desear olvidar sus últimos 3 años de vida. Y tras estas palabras llegarán unas imágenes que dialogan entre tiempos distintos en un montaje fugaz para ensalzar la hazaña y su recuerdo, las imágenes felices: la primera nieve, unas nuevas gafas, un baile, una comida familiar. (RG)

Charleroi, le pays aux 60 montagnes (Guy-Marc Hinant, Bélgica, 2018)

CharleroiGeografía vista desde la escala del hombre, etnografía de una sociedad sometida al abandono:  a partir de imágenes de poderosa composición, mezcla de formatos, texturas y velocidades, cuerpos adolescentes precipitándose a las aguas de un lago, autopistas volteadas, reconstrucciones de archivo y lenguas en vías de extinción, el cineasta traza el mapa de Charleroi, una ciudad belga desolada por la postergación, firmando con un ojo ávido de personalidad cada una de las imágenes que recorren la proyección como polillas revoloteando la oscuridad. El autor construye en ciertos intervalos un argumento que sin embargo, no se condice con las imágenes de mayor envergadura estética, abarcado a través de testimonios política, urbanismo y oficios varios y proponiendo con ellos un punto de vista diferente al suyo, que por más fundamentales que sean para Charleroi, no son filmados desde el mismo visor subjetivo que sí lo son el resto de imágenes. El cineasta se empuja a salir de su ojo para entregarle la mirada a otros, resultando en secuencias que añoran su mirada de extrema inventiva visual y sonora. (FL)

Xalko (Sami Mermer, Hind Benchekroun, Canadá, 2018)

XalkoSami Mermer regresa a Xalko, pueblo kurdo en la región de Anatolia (Turquía), después de llevar años residiendo en Canadá. A su vuelta se reencuentra con familiares, amigos y vecinos. El cineasta interactúa con ellos tras la cámara. Cuando muestra su llegada y cómo las mujeres de la familia van aceptando la presencia de la máquina se originan momentos llenos de humor. Sin embargo, no da la sensación de que se consiga olvidar el artificio de la filmación y los sujetos parecen siempre tensos, ofreciendo poses y conscientes representaciones. Al principio parece que la película es un experimento redentor y catártico para Mermer que busca respuestas sobre las identidades de sus padres y de la gente de Xalco quizás para entender la suya propia, pues lleva mucho tiempo siendo extranjero. Luego, se impone un retrato coral de las mujeres, las grandes protagonistas, que, mientras ordeñan, limpian o hacen pan, hablan de los emigrados, lloran por el pasado y miran con cierto rencor el entorno empobrecido de la región que ellas mantienen. El discurso tiende a la dispersión y, si no fuera por unos momentos emotivos de remembranzas conmovedoras, la huella de Xalco se borraría al soplar el viento más ligero. (RG)

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