DOCUMENTAMADRID 2019: LARGOMETRAJES NACIONALES

Los lazos que unen por los muros que separan

La reivindicación política en la Competición nacional de largometrajes de DocumentaMadrid tuvo su representación más férrea de la mano del colectivo Metromuster, quienes en su último proyecto, Idrissa, crònica d’una mort qualsevol (Xavier Artigas, Xapo Ortega, 2018), rescatan la historia de la muerte de Idrissa Diallo, inmigrante guineano fallecido en circunstancias poco claras durante su estancia en un CIE (Centro de Internamiento de Extranjeros). La película, en forma casi de crónica periodística, recoge todo el proceso de esclarecimiento de la verdad (o intento de ello) a través de entrevistas, imágenes de telediario, documentación oficial del caso, grabaciones del juicio, intervenciones radiofónicas, etc., todo con vistas a lograr la repatriación del cuerpo del fallecido, que hasta entonces reposaba en un nicho sin nombre.

La película también se vale de actos promovidos por el propio colectivo, como la retirada de simbología franquista y de apología del colonialismo español, denunciando la persistencia de cierto racismo endémico enraizado en las propias instituciones democráticas del país. Esto los habilita más como sujetos activos de los hechos documentados que como espectadores pasivos y, pese al protagonismo que tratan de ceder siempre a los protagonistas de la historia (la familia de Idrissa y los miembros de su pueblo), su acción política, parte importante en su metodología de trabajo según el propio equipo, tiende a eclipsar en ciertos momentos todo lo demás.

Idrissa, crònica d’una mort qualsevol Revista Mutaciones
Idrissa, crònica d’una mort qualsevol (Xavier Artigas, Xapo Ortega, 2018)

Hasta que las nubes nos unan, Guardiola – Diola (Luis Escartín, 2019), al igual que el film de Xavier Artigas y Xapo Ortega, tiene que ver con las largas distancias que nos separan y, al mismo tiempo, con la celebración de lo que nos une. En un lado, Guardiola (Cataluña, España) pueblo natal de Luis Escartín. En el otro, Diola (Casamanza, Senegal), tribu adoptiva del cineasta y principal foco sobre el que él mismo ha puesto el objetivo de su cámara. La película comienza desde el salpicadero de su coche, captando la intensa nevada que recibió al director de vuelta a su pueblo tras una larga temporada en el poblado de la tribu animista de los Diola. Él mismo confesó tras la proyección de su película el vacío que sintió en aquel momento, en contraste con los meses de actividad, de cantos y alegría que dejaba atrás. Guardiola es vacío, Diola es vida.

Además, el metraje plantea una pregunta transversal: ¿por qué ya no cantamos? Para poder responder, el director contrapone imágenes de un lugar y otro, estableciendo puntos de unión entre mundos tan distantes, en múltiples sentidos. Pese a limitar su impacto sobre la imagen al mínimo posible, no es difícil entrever su mayor implicación emocional por el lado africano, pues son las imágenes procedentes de allí las que predominan en el metraje, con especial protagonismo de las vibrantes mujeres de la aldea. Al final, la respuesta a la pregunta no queda clara, y puede que no esperara respuesta. El resultado acaba siendo más un acto de reivindicación de los pueblos olvidados como el de los Diola, obviados como irrelevantes y menospreciados por sus vecinos. En este sentido, la catarsis final relaciona la matanza de un jabalí en ambos lugares, resolviendo la cuestión a través de un frenético montaje llevado hasta el éxtasis por ritmos tribales.

En esta edición también se presentaron obras más alejadas de la colectividad y centradas en el carácter concreto del individuo. Una corriente salvaje (Nuria Ibáñez, España, 2018) es un gran ejemplo de ello, centrada en la relación de dos hombres, Chilo y Omar, que conviven en algún lugar de la costa de México. Alejados de todo el ruido y la muchedumbre contemporáneos, ambos personajes se acompañan en el inmenso paisaje, pescando con brutal naturalidad y manteniendo conversaciones sobre el pasado, el futuro o el amor. Nuria Ibáñez capta la intimidad de estos personajes con cierta distancia, observando su relación con el medio en el que viven con un interés prácticamente antropológico, así como sus interacciones más personales en un entorno alejado de elementos externos que perturben el equilibrio establecido entre ellos.

Una corriente Salvaje Revista Mutaciones
Una corriente salvaje (Nuria Ibáñez, 2018)

Una apuesta más arriesgada y onírica es la que propone Out of Gardens (Quimu Casalprim, 2018). Con ubicación en la Antártida, Casalprim graba a trabajadores de distintos lugares que conviven en ese lugar frío e inhóspito. El relato avanza reuniendo conversaciones sobre filosofía, religión y nacionalismo y capturando una atmósfera casi fantasmal apoyado en la fotografía, que acentúa las luz hasta emborronar el plano. Esta decisión del director ayuda a crear la sensación onírica y casi celestial de una reflexión y, aun así, alterna esos clips con otros más subexpuestos llenos de contrastes y desenfoques. Acompañados de una música a veces fantasmagórica (similar al de un theremin), Quimu Casalprim construye una película llena de contrastes personales bajo un mismo discurso: las fronteras entre las distintas nacionalidades y, en definitiva, el hogar.

Otro retrato es Para la guerra (Francisco Marise, 2018), centrado en esta ocasión en el estudio de la figura del soldado, no en activo pero siempre preparado. Para ello inicia su acercamiento a la personalidad de Andrés, veterano de las fuerzas especiales cubanas, combatiente en Angola y Nicaragua, para quien la guerra nunca terminó. La película posee dos planos diferenciados. Por un lado, un plano de realismo documental, cercano al personaje, sus motivaciones y quehaceres cotidianos. Y por otro, un plano más despegado, en el que la cámara toma distancia mientras Andrés realiza sus viejos ejercicios de entrenamiento en medio de la naturaleza. La intensidad de los movimientos del soldado podrían alcanzar el nivel de parodia sino fuera por la convicción del susodicho durante los mismos. Son secuencias muy físicas, separadas del resto de la narración y enmarcadas en un contexto casi onírico, más cercano al interior de la memoria del veterano que al plano material.

En esta misma línea irrumpe Apuntes para una herencia (Federico Robles, 2018), donde el director argentino encuentra, entre los recuerdos familiares, objetos que señalan que su abuelo fue un ex soldado franquista durante la guerra civil española. El documental, que sigue un corte clásico, dibuja un hilo conductor con la intención de conocer la historia del soldado, lo que le lleva a realizar gran variedad de entrevistas siguiendo las pistas que se encuentra a su paso. “Nadie quería hablar del tema”, comenta el director en off. Una vez más, el desconocimiento, las ansias de conocer el pasado chocan con la necesidad de algunos por olvidar ciertos hechos históticos, un tema muy recurrente también en la Sección Nacional de cortometrajes. Al final, Apuntes para una herencia se convierte en un viaje que termina en España, donde el director elabora un discurso sobre la memoria histórica.

El cuarto reino (Álex Lora y Adán Aliaga, 2019)

Por otra parte, el ganador del Premio del Jurado de esta sección, El cuarto reino (Álex Lora y Adán Aliaga, 2019), se sitúa en un centro de recolección y reciclaje de latas en la ciudad de Nueva York. La película captura la vida, la gestión y las historias personales de algunos de sus trabajadores, lo que la convierte en un metraje coral que explora y destruye el sueño americano. La cámara capta y consigue transmitir la decepción y la desesperanza de las personas que viven en el centro generando un ambiente decadente y demoledor. El gran ejemplo es René, un inmigrante ilegal procedente de México. Posiblemente, lo más curioso de esta película sea la función que esta misma ejerce como una especie de confesionario. Adán Aliaga contaba en el coloquio posterior a la proyección que El cuarto reino era una película con muchas historias, que René era uno más entre los personajes secundarios y que, a lo largo del rodaje, empezó a guiar la narración porque “necesitaba un sitio donde expresarse”. Sin duda, los directores terminan por deconstruir las promesas de un futuro mejor en Estados Unidos, un documental lleno de metáforas casi ilusorias y planos capaces de redimir a sus personajes.

La selección nacional de largometrajes concluye con Ojo Guareña (Edurne Rubio, 2018), posiblemente una de las películas más modestas e interesantes. Edurne Rubio rescata de las profundidades un recuerdo que se hace eco entre las generaciones de su familia y allegados. La cueva que pone nombre a este documental funciona como un diario anecdótico e histórico, un lugar en el que poder hacer expediciones espeleológicas y, a su vez, utilizar sus galerías como punto de encuentro. Este santuario, testigo de secretos e historias cómplices, unido a la agudeza visual y la paciencia de su directora, convierte Ojo Guareña en un diario escrito por aquellos que han tenido la suerte de encontrarlo, un lugar misterioso y fascinante por el que emprender un viaje inmersivo testigo incluso de otras civilizaciones.

Ojo Guareña Revista Mutaciones
Ojo Guareña (Edurne Rubio, 2018)

Por Patricia Marín y Manuel Muñoz

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