DOCUMENTAMADRID 2019: FUGAS

Escenarios en guerra, poscoloniales y urbanos

Como su propio nombre indica, buscar una unidad en la sección Fugas del festival DocumentaMadrid carece de sentido. En ella se recogen las fugas del género documental; aquellas películas que por sus dispositivos innovadores y diferentes se alejan de la Sección Oficial para adentrarse en las vías emergentes del género. Si bien, a medida que la nueva dirección del certamen al mando de Andrea Guzmán y David Varela ha ido abriendo las secciones competitivas a la diversidad del “cine de lo real” (algo que no se puede agradecer lo suficiente), la separación entre ambas selecciones se ha ido difuminando. En Fugas quedan películas inclasificables, documentos que a uno no queda claro que estuvieran pensados para el cine, investigaciones y experimentos en el sentido literal de la palabra y propuestas que habrían podido entrar perfectamente en la Sección Oficial. Así, Sombra luminosa (Francisco Queimadela y Mariana Caló, 2018; Mención especial del jurado ex-aequo) también podría encontrarse como material complementario en un museo; The Common Space (Raphaële Bezin, 2018) o Operation Jane Walk (Leonhard Müllner y Robin Klengel, 2018) podrían ser descubrimientos hallados en Youtube, Vimeo o un foro de videojuegos; Walled Unwalled (Lawrence Abu Hamdan, 2018) tiente tanto de estimulante documental acerca de la arquitectura del sonido como de material anexo para una investigación y tanto La ciudad oculta (Víctor Moreno, 2018) como Lapü (César Alejandro Jaimes, 2019; Segundo premio del jurado) podrían haberse presentado en la sección principal. Sin embargo, encontrarse con estos títulos agrupados en la sección Fugas los dota de un nuevo significado, de la posibilidad de dialogar entre sí y de servir de estimulante muestra de los distintos códigos y senderos por los que puede seguir enriqueciéndose la no ficción, desde la grabación en vertical de un teléfono móvil (Walked the Way Home, Eric Baudelaire, 2018) hasta el videojuego (Operation Jane Walk).

Operation Jane Walk (Leonhard Müllner y Robin Klengel, 2018)
Operation Jane Walk (Leonhard Müllner y Robin Klengel, 2018)

Esta variedad evidencia el amplio abanico de opciones que ofrece el documental entre la imaginación (rozando la ficción) y la realidad. Algunas propuestas partían de materiales reales, como las grabaciones por las cámaras de vigilancia de un parque en el cortometraje Krähen schiessen (Christine Hürzeler, 2018; Mención especial del jurado ex-aequo), para a través de un estilizado montaje atmosférico sugerir relatos ocultos que recrear en la imaginación. Otras recorrían el recorrido inverso y a través de materiales de ficción elaboraban un discurso sobre los contrastes entre lo real y lo imaginario; es el caso de The Common Space, que montando distintas escenas de cine de ficción (Fellini, Pasolini, Scola, Argento, Greenaway, Ferrara…) en un ingeniosísimo collage de escalas y ventanas reflexiona sobre la ciudad de Roma y su imagen cinematográfica. Y fundiendo aún más ambos extremos, Teatro de guerra (Lola Arias, 2018) reunió a seis excombatientes de la Guerra de las Malvinas de ambos bandos, británicos y argentinos, para que reprodujeran sus traumáticas experiencias en una performance que se pretende también terapia psicodramática pero en la que pocas veces la realidad de lo vivido irrumpe en la representación.

Puede verse que los materiales de partida de las distintas películas, los documentos, eran muy distintos entre sí. Imágenes de móvil, de videojuego, de vigilancia, de archivo cinematográfico o performativas; y también imágenes fotográficas y videos tomados por dron (Fordlandia Malaise, Susana de Sousa Dias, 2019) o de la memoria doméstica y social (Dongwu Fangyan, Lei Lei, 2019). No es de extrañar entonces que una de las propuestas más fascinantes de la selección fuese Aftermath (Mike Hoolboom, 2018) por la capacidad de articular los materiales más diversos en un todo originalísimo y coherente. Hoolboom funde la biografía de cuatro artistas (Fats Waller, Jackson Pollock, Janieta Eyre y Frida Kahlo) con su obra, con las ciudades en que vivieron y los espacios que ocuparon e influyeron en su trabajo, junto al legado que en ellos han dejado (y en el resto del mundo). Lo verdaderamente prodigioso es que Hoolboom ha logrado prolongar el estilo de cada artista en un equilibrio perfecto entre la vulgar imitación, el homenaje y la mirada propia y mantener la idiosincrasia de cada artista.

Aftermath (Mike Hoolboom, 2018)
Aftermath (Mike Hoolboom, 2018)

También parte de materiales heterogéneos otra de las películas más estimulantes de esta edición y ganadora del Primer Premio del Jurado de Fugas, Mitra, de Jorge León. La película articula la correspondencia y testimonio de Mitra Kadivar, pionera del psicoanálisis en Irán, que fue falsamente acusada e ingresada contra su voluntad en un psiquiátrico; la preparación de una ópera (dirigida por el mismo Jorge León) sobre ella; e imágenes de un centro psiquiátrico francés y sus internos. El objetivo es mostrar el poder de la voz y de la música para irrumpir en el aislamiento y la soledad que implica ser declarado enfermo mental. Un ejercicio de dar voz y devolver la dignidad a quienes la sociedad a desacreditado y ocultado que hace del cine documental un poderoso lugar de encuentro con “lo otro” y de visibilización.

A partir de tan diversos materiales destacó el protagonismo conferido al montaje y al remontaje sobre la observación. En algunos casos, como en Dongwu Fangyan, hasta el extremo de que los efectos de sentido buscados en un montaje experimental riquísimo en recursos acaban devorando y anulando el valor testimonial de las imágenes. También resulta representativa de cierta tendencia en el documental contemporáneo La ciudad oculta (entrevista con el director Víctor Moreno), en la estela de títulos como Dead Slow Ahead (Mauro Herce, 2015) o El mar nos mira de lejos (Manuel Muñoz Rivas, 2017), que lo apuestan todo al poder sensorial de su dispositivo. Víctor Moreno filma el subsuelo de distintas ciudades para remontarlo en un espacio onírico, más imaginario que real, desde el que hablar de nuestro hábitat de manera distinta; pero a cambio aísla cada espacio e incluso a los trabajadores de su función, como si se trataran de meros fetiches reducibles a su poder estético.

La ciudad oculta (2018), de Víctor Moreno
La ciudad oculta (Víctor Moreno, 2018)

Frente a esta tendencia, un documental como Tirss, Rihlat Alsou’oud ila Almar’i (Ghassan Halwani, 2018) cobra una relevancia que va más allá del importante cuestionamiento de la versión oficial sobre la Guerra del Líbano. Ghassan Halwani parte de una fotografía retocada (han eliminado las figuras humanas, aunque quedan huellas del trabajo de borrado), emplea la animación, los espacios reales en que sucedieron los crímenes y una labor impresionante de arqueología a partir de la cartelería de la ciudad para recuperar a los olvidados, las víctimas y los desaparecidos. Se trata de una película para la que el archivo no importa tanto por el valor de sus imágenes y los efectos que pueden dárseles como por la recuperación de la memoria y por el cuidado del pasado.

Tirss, Rihlat Alsou'oud ila Almar'i (Ghassan Halwani, 2018)
Tirss, Rihlat Alsou’oud ila Almar’i (Ghassan Halwani, 2018)

Tirss, Teatro de guerra, Operation Jane Walk, y Walked the Way Home se sumaron a títulos transversales de todas las demás secciones para configurar un ciclo dedicado a mostrar los “escenarios de guerra”. Otros dos temas aglutinantes de la sección Fugas fueron las ciudades y los proyectos poscoloniales. La ciudad fue protagonista en Ciudad Oculta (de manera abstracta: la Ciudad bajo todas las ciudades), en The Common Space (Roma), Operation Jane Walk (Nueva York) y, a su manera, en cada parte de Aftermath. Por otro lado, Sombra luminosa, Lapü, Fordlandia Maladise y Pattaki (Everlane Moraes, 2018) tuvieron como protagonista la vida, los espacios y las culturas que aún permanecen bajo la sombra de su pasado colonial. Mientras que César Alejandro Jaimes acepta en Lapü su posición como observador de una vida ritualizada, la de la comunidad indígena wayúu de La Guajira (Colombia), a la que solo puede acceder a través de Doris, la protagonista; las propuestas de Pattaki y Fordlandia Maladise eliminan esta distancia y sumergen al espectador de lleno en un tiempo suspendido y una poetización poscolonial (Pattaki se apoya en el poema La isla en peso, de Virgilio Piñera) donde es difícil distinguir cuánto hay de reivindicación de una tradición y una sensibilidad y cuánto de exotismo de las raíces. Con todo, Fordlandia Malaise fue una de las películas más estimulantes de la sección gracias a su mezcla de pasado y presente, tradición oral y archivo fotográfico, su bella fotografía y la preminencia de un espacio fascinante: Fordlandia, la ciudad fundada en el Amazonas por Henry Ford en 1928, en plena expansión colonial estadounidense.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.