EL CANTO DE LA SELVA

Estética y ética

“El digital hace una interpretación de la realidad. Cada marca de cámaras como Sony, Canon o Panasonic tiene una idea propia del mundo en términos de diferencias estéticas, colores, etcétera. En cambio, el celuloide no es una interpretación, es una reacción al mundo, es una traducción y al ser químico, está vivo. La cultura Krahô es animista: para ellos, cada elemento de la naturaleza, animal, humano, objeto, piedra, nube tiene un espíritu, un alma. Nosotros sentimos que nuestra antigua cámara de 16mm también tenía una especie de vida interior…”

El canto de la selva Revista Mutaciones

Las palabras de los directores João Salaviza y Renée Nader Messora sobre su decisión de filmar El canto de la selva con una cámara de 16mm podrían considerarse como su manifiesto estético y ético. Estético, claro, porque el grano del celuloide otorga un desorden orgánico, una imperfección vital, un contraste y un brillo alquímicos a la imagen filmada. Las condiciones del rodaje en la sabana brasileña -temperaturas extremas y ausencia de electricidad- no habrían permitido a las frágiles cámaras digitales desempeñarse con eficacia y aquí es donde entra el aspecto ético: al enfrentarse como extranjero a un mundo nuevo es mejor dejarse impresionar, tal como el celuloide reacciona con la luz, tal como las micro-partículas toman el color de la realidad e intentan dar vida a cada porción de fotograma, como en la selva cada elemento respira a su propio tiempo.

En 2009, la brasileña Renée Nader Messora visitó la comunidad de Pedra Branca en Brasil y conoció con fascinación la cultura Krahô, lo que la impulsó a volver reiteradamente y motivar a su pareja, el portugués João Salaviza, a filmar una película sobre estos habitantes de la selva. En una de sus visitas, los directores presenciaron el dilema de un joven que al sentirse enfermo, quería acudir a la medicina “de los blancos” en la ciudad más cercana, rechazando el tratamiento espiritual que se acostumbraba en los Krahô. Esta premisa dio paso al argumento principal de El canto de la selva, film titulado originalmente en portugués La lluvia está cantando en el pueblo de los muertos y ganador del Premio del Jurado en la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes 2018. Su protagonista, el joven Ihjãc (Henrique Ihjãc Krahô), se siente débil y enfermo ya que percibe el llamado de los espíritus a convertirse en chamán y a pesar de tener la compañía de su esposa Kôtô (Raene Kôtô Krahô) y de su pequeño hijo, le invade un malestar por no querer aceptar su deber, convirtiéndose esta historia en un coming of age que bien podría extrapolarse al sufrimiento universal de cualquier adolescente al hacerse adulto.

El canto de la selva Revista Mutaciones

A pesar de que el joven que interpreta a Ihjãc no es el mismo que inspiró la historia, las fronteras entre la ficción y la no-ficción son bastante difusas, quizás por esto en ocasiones se ha calificado a la película como un documental. El equipo de rodaje, a parte de los dos directores, lo completaba un sonidista quien era el único del equipo que hablaba el lenguaje de los Krahô, por lo que los diálogos en detalle fueron descubiertos por los directores al traducirlos a posteriori. En palabras de Renée Nader, “la única forma de realizar esta película era aceptando que ésta era menos importante que lo que estuviese sucediendo en el pueblo, y lo que podía pasar cada día en la comunidad era impredecible”. Una vez más aparece la ética y de alguna forma, esta da paso a la estética: El canto de la selva es una película que se construyó gracias a desiciones sabias y respetuosas, resultando en imágenes de poderosa belleza que sumadas a un ambiente sonoro inmersivo entregan una experiencia de cadencia única, como si la proyección de imágenes en movimiento pudiese trasladar nuestra mente a otro ritmo, a otra forma de vida.


 

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