CHURCHILL

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Guerra en palabras

La temática bélica parece que es un tema recurrente que no se agota, pero en este 2017 la Segunda Guerra Mundial con batallas concretas y el contenido humano detrás de ellas se ha convertido en el argumento estrella de la industria británica.

Jonathan Teplitzky les toma el relevo a otras películas coetáneas como Dunkerque (Christopher Nolan) o Su mejor historia (Lone Scherfig) que no tratan de abordar la contienda en su totalidad, sino un momento concreto desde distintos puntos de vista. Churchill aborda la otra cara de la guerra, la que no muestra de primera mano las armas, la sangre o la violencia. Muestra la que se oculta tras mapas, luchas de poder y estrategias sobre el papel.

Brian Cox es el encargado de dar vida al Primer Ministro británico, en una fase de avanzada edad en la que su popularidad empieza a tambalearse y su experiencia bélica se pone en entredicho. Él es siempre el protagonista, la cámara no le deja escapar, al igual que él no deja escapar a su puro y gorro omnipresentes. Los puntos fuertes de la película se concentran en esta caracterización del actor de una de las figuras más importantes de Gran Bretaña, así como secuencias en la playa que inician y finalizan la cinta como cantos a las heridas del pasado y a un halo de esperanza en el futuro.  Sin embargo, esto es todo, la película no avanza, no sorprende, cae en una especie de “docudrama” de sillón y manta para un día lluvioso.

Teplitzky deja que estas heridas de la guerra recaigan en una sola persona, en un trauma por la derrota que representó la Guerra de Galípoli, pero que no consigue conectar con el dolor que supuso para todos los familiares de los caídos. Churchill empieza como un grito de salvación hacia los soldados más jóvenes, hacia el futuro de una nación y de Europa entera, pero pasa de refilón por el pulso entre Estados Unidos y Gran Bretaña. Aquí podría haber estado lo interesante de la película, pero se desvanece entre ese humo de puro. Se cae en clichés románticos como que “detrás de un gran hombre hay una gran mujer”, en un intento por humanizar una figura altiva y lejana, pero que hace que se hunda en ese “docudrama” y no atrape la atención del espectador. Es difícil conseguir una individualidad dentro de una masa destinada a morir y se deja llevar por un fácil happy ending de comedia romántica. Todo queda relegado a las palabras, a unas líneas recitadas en un discurso radiofónico como giro decisivo en la guerra, que en realidad lo que esconde es un deseo desesperado en volver a convertirse en el héroe que un día fue, el encargado de traer esperanza en un momento crítico.

Así llega Churchill a las pantallas, con una figura potente e icónica en la historia de Gran Bretaña. Un biopic centrado en la gran interpretación de Brian Cox como el Primer Ministro, pero que carga con demasiado peso como para salvar una película descafeinada y que no hace justicia a la importancia de la Historia.

Elena Canorea

Churchill (Reino Unido)

Dirección: Jonathan Teplitzky / Guion:  Alex von Tunzelmann / Producción: Claudia Bluemhuber, Nick Taussig, Paul van Carter, Piers Tempest / Montaje: Chris Gill / Música: Lorne Balfe / Fotografía: David Higgs/ Diseño de producción: Chris Roope / Reparto: Brian Cox,  Miranda Richardson,  John Slattery,  James Purefoy,  Julian Wadham, Richard Durden,  Ella Purnell

 

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