BUMBLEBEE

El reinicio pasa por uno

Para una saga que lleva cinco películas y de las cuales las dos últimas han sido un sonoro fracaso tanto en crítica (nada nuevo), como sobre todo y en comparación a entregas anteriores, la taquilla, el anuncio de una nueva entrega fue una sorpresa. Este es el caso de la saga robótica Transformers. Pero nada más lejos de la realidad, su sexta entrega, Bumblebee (2018, Travis Knight) está a priori concebida como un reboot o como un punto de partida (dentro de un ambicioso proyecto de catorce futuras entregas) necesario para recuperar el respeto y admiración de una saga, ya no cinematográfica, sino también televisiva y que tanta pasión ha levantado. Esto último es de imperativa importancia para no salirse de la sala durante los primeros minutos, inmersos en la guerra de Cybertron y ante algunas incongruencias. A destacar: en la primera aparición del robot amarillo, Bumblebee aparece transformado en un coche deportivo encaminándose hacia su líder (aquí mero secundario) Optimus Prime quien bajo una lluvia de disparos y explosiones, le pide establecer una base en el, para ellos desconocido, planeta Tierra. ¿Cómo es posible que nuestro amarillo protagonista aparezca transformado en un coche de un planeta que todavía desconoce? La respuesta está en la serie de animación y no en las películas. No hay lógica puesto que el movimiento de inteligencia por parte de Travis Knight es comenzar la cinta homenajeando el serial animado de los años ochenta separándose desde el primer instante, de las imágenes explosivas de Michael Bay.

En esta nueva película, el grupo robótico se reduce a un solo integrante, del mismo nombre que la película. Ya en la Tierra, Bumblebee tiene el objetivo de establecer una base militar para cuando aterrice el resto de su tropa espacial. Mientras tanto y sin memoria, debe comenzar de cero en un pueblo (que no una ciudad maltrecha, otro acierto de Knight y su guionista, Christina Hodson) donde conocerá a su nueva compañera de aventuras. Una historia sencilla y un guión sencillo, necesario para un nuevo comienzo de una saga necesitada de pequeños pasos en nuevas direcciones para cosechar grandes resultados. El director de la grandiosa Kubo y las dos cuerdas mágicas (2016) consigue redondear sus intenciones desde la puesta en escena dotando de un mínimo de autoría las imágenes de este blockbuster. Ansía la pretensión de resultados óptimos a través de la consecución de las imágenes y comienza con el acercamiento al espectador desde el primer momento con la empatía de la protagonista, Charlie, falta de una figura paterna desde el inicio, al igual que Kubo. También aleja todo lo posible su dispositivo de las cintas de Michael Bay, más preocupadas de mostrar la tuerca que gira sobre el tornillo más escondido de cualquier robot mediante una gran suma de planos detalle alejando al espectador por completo de la narración. En este caso, el dispositivo reposa sobre planos más abiertos y más livianos de carga robótica. Un robot  habita la pantalla, dos a lo sumo y siempre abiertos en planos generales que recuerdan más a la interacción emocional niño-robot de El gigante de hierro (1999, Brad Bird) que a sus progenitores. Prima la coherencia en el grueso de la película, es decir, en las escenas de acción. El espectador es consciente de apreciar sin fuegos artificiales robóticos qué ve y cómo lo está viendo y no dejándose llevar por la insensatez de abarcar cuantos más muñecos de hojalata mejor. Queda patente hasta en las transformaciones, más reales y fieles al serial y no a esa especie de rutina metálica que necesitaba un conjunto de planos solamente para montarse y desmontarse. No obstante, la película peca de tópica en algunos terrenos, sobre todo el musical, bombardeando al espectador con una infinita lista ochentera saturada de homenajes hacia el cine y la televisión.

Resulta paradójico que esta película haya sido utilizada como una propia cura de humildad, como elemento cicatrizante para unas heridas demasiado profundas y difíciles de olvidar. Cuando todos y cada uno de los elementos que hay en ella serían los adecuados para un inicio, incluso antes de la muy (única) aceptable Transformers (2007, Michael Bay).

Bumblebee


Bumblebee (Estados Unidos, 2018)

Dirección: Travis Knight   / Guion: Christina Hodson / Producción: Hasbro, Paramount Pictures, Platinum Dunes, Allspark Pictures, Laika Entertainment / Fotografía: Enrique Chediak / Montaje: Paul Rubell / Diseño de producción: Sean Haworth / Dirección de arte: Maya Shimoguchi / Música: Dario Marianelli / Reparto: John Cena, Hailee Steinfeld, Pamela Adlon, Stephen Schneider,Jorge Lendeborg Jr., Jason Drucker, Kenneth Choi, Ricardo Hoyos, Abby Quinn,Rachel Crow, Gracie Dzienny, Angela Bassett, Justin Theroux, Marcella Bragio,John Ortiz, Vanessa Ross, Glynn Turman

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