3. LOS SUPERHÉROES, LA IMAGEN Y NETFLIX

El fotógrafo cubano Geandy Pavón realizó en el año 2014 una serie de cuatro fotografías bajo el título de Superhéroes. Las situaciones capturadas invitan a una reflexión sobre el poder de las imágenes y la traslación del mismo a través del mito o del icono enlazando a un Superhéroe con líderes representativos de la izquierda ideológica; de esta manera, los ojos del espectador unen en una misma fotografía a Spiderman con Mao Tse Tung, a Iron Man con Karl Marx, y a Batman con el Ché Guevara o Stalin. En cada una de las fotografías es el superhéroe el que porta entre sus manos la imagen arrugada de una serie de representantes que en un momento puntual de la Historia se habían erigido como héroes de carne y hueso para una población determinada. En un ejercicio similar, podríamos cambiar el rostro de las fotografías e imaginar a algún líder político o religioso actual en los dominios de los superhéroes. La reflexión perdería enjundia, pero haría extensible y visible la inversión de referentes. La construcción de unos valores pasa más por la marca y la producción de iconos que por el mensaje de personalidades auténticas, es decir, la sociedad actual prefiere transmutar unos principios reconocibles en un gen mediático y referencial a nivel comercial, consciente o inconscientemente.

Llegados a este punto, les propongo un nuevo juego con la serie fotográfica. Ahora, imaginemos allí donde pusimos el rostro del político de turno a cualquier referente de la historia del western: John Wayne, Henry Fonda o Gary Cooper si pensamos en actores, o John Ford, Raoul Walsh o Bud Boetticher si pensamos en directores. Cinematográficamente es aquí donde se hace tangible, de forma excepcional, el cambio de paradigma. El western es considerado el género cinematográfico por excelencia: al mismo tiempo que consolidó formas de articular el cine narrativo, también sirvió como cauce representacional del mito fundacional de Estados Unidos. No obstante, hoy en día el western es un caballo sin desierto en la hiperestructura del cine contemporáneo. Frente a la horizontalidad propia del western, se encuentra mucho más próximo a las nuevas generaciones el vértigo de las ciudades verticales: el universo de los superhéroes (Gotham, Metropolis, Nueva York). El rascacielos como máximo estandarte de la nueva sociedad, el crecimiento de las ciudades y la superpoblación, el auge de las tecnologías, internet, el exceso y la instauración del mundo pantalla, pantalla global o pantallocracia producen que el ámbito de la mercadotecnia encuentre en estos seres mutantes, enmascarados y con superpoderes el producto estrella para llenar las salas y, además, sacar beneficios en ventas secundarias.

A día de hoy, el universo de los superhéroes sigue en plena expansión, tras conquistar la cartelera en las salas de cine, las cadenas de televisión y las nuevas plataformas como Amazon prime video, Hulu, HBO o Netflix han optado por asentar entre sus producciones las historias de estos personajes salidos del cómic. El terreno de la ficción televisiva ha incrementado en calidad, en proporción, y por tanto, en número de espectadores, adaptándose de manera ágil e inteligente a las necesidades del nativo digital del nuevo siglo. Digamos que las series han conseguido convertirse en una analogía del tiempo en que vivimos. Frente al cine de pirotecnia y espectáculo en que se suelen acabar convirtiendo muchas películas, celebratorio o no, el universo de los superhéroes parece haber encontrado un margen narrativo mucho más interesante y complejo en el carácter episódico que ofrecen determinados formatos.

La algorítmica plataforma que es Netflix se ha caracterizado por presentar las temporadas de sus series completas, de manera que los suscriptores tienen desde el día de su estreno todos los capítulos a su disposición para consumirlos como les plazca. En principio este es un dato que no tiene por qué tener mayor relevancia, no obstante, cobra importancia si entendemos que de esta forma, cada temporada puede ser construida como una unidad narrativa al margen de su carácter episódico. La fórmula es suculenta, y resulta beneficioso para Marvel ya que el universo de sus personajes puede ser concebido con una estructura y una proyección considerable, consiguiendo que las ficciones puedan habitar las unas con las otras en un corto espacio de tiempo. Daredevil (2015-) con dos temporadas, Jessica Jones (2015), Luke Cage (2016) y Iron Fist (2017) son las cuatro series que se han estrenado hasta el momento y en todas ellas hay vasos comunicantes. El siguiente paso en el universo Marvel de Netflix es de The Defenders (2017), ficción en la que se juntarán los cuatro superhéroes y que dará pie a las siguientes temporadas de cada uno de ellos en solitario, así como el esperado estreno de The Punisher (2017), personaje que también ha hecho acto de presencia en las anteriores series.

La planificación del mundo de Marvel en Netflix emula la fórmula que ya recogía en sus cómics, característica que seguramente tanto los fieles a los personajes de “la casa de las ideas” como los nuevos seguidores agradecen para bucear en sus tramas y subtramas. A su vez, el carácter episódico permite ahondar de forma mucho más eficaz (no siempre se consigue) en la personalidad de unos personajes que en cine quedan relegados a arquetipos planos en medio del horror vacui generado por la acción y los efectos especiales.

En un contexto de hipervínculo e hibridación constante habrá que estar atento a los caminos en explotación y por explorar. El universo de los superhéroes ha dado mucho de sí, y en la creación de nuevas estructuras caben muchas formas de contar, muchas voces que escuchar, muchas miradas por conocer. A caballo entre el paradigma y la paradoja hay un valle que une al western y al cine de superhéroes, quizás un bar de mercenarios como en Deadpool o quizás un Saloon en el que echar un trago.

Enrique Pérez Acosta

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