RICK Y MORTY

Time to Get Schwifty

Cualquiera que haya disfrutado de la sensacional creación de Dan Harmon, Community (2009-2015), habrá podido comprobar como el territorio de lo real se le quedaba pequeño a la hora de trasladar a la pequeña pantalla todo el universo de ideas y paranoias que cohabitaban en su cabeza. Una serie novedosa y arriesgada, que se dinamitaba a sí misma constantemente para construir una oda metacinematográfica cargada de originalidad y buenas ideas. La serie contaba con cimas de la comedia como el genial episodio de la batalla de paintball apocalíptico, Modern Warfare (1×23), o el sensacional Remedial Chaos Theory (3×04), en el que Harmon ya coqueteaba con los universos paralelos. En Community, Harmon recurría a mil y una inventivas para mantener fresco el espíritu renovador y transgresor de la serie (marionetas, plastilina, videojuegos, etc.), con lo que parece claro que su paso a la animación se debe a las posibilidades que este mundo ofrece. El dibujo lo soporta todo. Incluso la mente bizarra de Harmon.

No obstante, la idea original de Rick y Morty nace en 2006 de un corto rudimentario de animación, creado por Justin Roiland (el cocreador de la serie), llamado The Real Animated Adventures of Doc and Mharti, una parodia en clave de humor negro-obsceno de Regreso al futuro (Robert Zemeckis, 1985). Cuando Adult Swim (el canal que emite Rick y Morty) contrató a Dan Harmon, este les propuso trabajar con Roiland para desarrollar una serie basada en los dos personajes del corto. Así, los renovados Doc (ahora Rick Sánchez) y Marty McFly (Morty, conservando prácticamente el nombre del personaje interpretado por Michael J. Fox) echaron a andar allá por el año 2013 con una primera temporada que obtuvo una magnífica acogida tanto a nivel de crítica como de público.

  • Trituradora de referencias

Las referencias de Rick y Morty no se quedan en Regreso al futuro, sino que la serie abarca (y destruye) multitud de iconos de la cultura pop de los últimos 60 años. Así, mientras que en la propia cabecera encontramos otra de sus grandes inspiraciones, la mítica serie de ciencia ficción Dr. Who (1963-1989 y 2005- ), las escenas familiares nos conducen a Padre de familia (1999- ) e, irremediablemente, a las dos series más reconocibles de Matt Groening: Los Simpsons (1989- ) y Futurama (1999-2013). El humor más soez y transgresor tiene claras alusiones a South Park (1997- ) y Beavis y Butthead (1993-2011).

Cada episodio de Rick y Morty supone una amalgama de referencias a iconos de la ciencia ficción, pero lo mejor de la serie es que consigue integrarlas de manera perfecta en su propio universo, con lo que no resulta indispensable reconocer cada cita para poder disfrutar de ella (aunque sin duda es un aliciente para el espectador). Así tenemos episodios con alusiones a Desafío total (Paul Verhoeven, 1990), Parque jurásico (Steven Spielberg, 1993), Indiana Jones, o incluso que cuestionan el éxito de Origen (Christopher Nolan, 2010). También encontramos seres deformes con el nombre de “Cronenbergs” en Rick Potion #9 (1×06) o un episodio cargado de giros sorpresa titulado M. Night Shaym-Aliens! (1×04). A nivel literario, no faltan las alusiones a la fantástica Guía del autoestopista galáctico (Douglas Adams, 1979) o a las novelas de Philip K. Dick y H.P. Lovecraft.

  • Humor intergaláctico y critica social

A simple vista, Rick y Morty puede parecer solo una serie animada de ciencia ficción y tono gamberro que recoge las andanzas de un lunático y su nieto mientras se parodian los referentes del género, pero a cada nueva aventura la serie es capaz de fagocitarse a si misma mutando en un ente mucho más complejo.

Rick Sánchez es un científico ególatra, irresponsable, adicto al alcohol y cualquier otro vicio interdimensional, con problemas de aerofagia y tendencias sociópatas que le convierten en el prototipo perfecto del antihéroe americano. En cualquier otro universo Rick sería un fracasado, pero en el diseñado por Harmon y Roiland es el ser intergaláctico más inteligente que existe. Por el contrario, Morty es un chico tímido de 14 años, no demasiado espabilado y fácilmente influenciable, pero con un sentido de la moralidad bastante más desarrollado que el de su abuelo. Morty representa la parte reflexiva, la madurez, la conciencia de Rick, mientras que su abuelo no es capaz de distinguir el bien del mal y actúa siempre de manera interesada. La serie presenta también un buen número de personajes secundarios entre los que destacan los miembros de la disfuncional familia: Beth, la hija de Rick, que tiene un claro problema de abandono y le perdona todo a su padre; Jerry, el inseguro padre de familia y, probablemente, una de las personas más estúpidas del planeta; y Summer, la superficial hermana mayor de Morty. En cada capítulo, gracias a la pistola de portales inventada por Rick, los dos protagonistas (en ocasiones acompañados por Summer) deben resolver peligrosas misiones en diversos planetas y realidades paralelas donde coexisten otros Ricks y Mortys y en los que parecen habitar las mismas problemáticas que en la Tierra o, mejor dicho, en el Planeta Tierra de la Dimensión C-137 (según la información de Rick).

El éxito de Rick y Morty radica en sus abundantes momentos anticlimáticos y demenciales, pero siempre dentro de la extraña lógica de la propia serie. A pesar de sus guiones bizarros, extravagantes y con giros imposibles, es de agradecer el cuidado nivel de la narrativa, que permite crear universos consistentes a través de los pequeños detalles que dotan de coherencia a las tramas. El humor rápido y cargado de verborrea aleja a la serie del slapstick y del humor mudo más característico de comedias como Padre de familia, permitiéndole encajar varios gags de humor soez entre chistes más complejos con pasmosa agilidad. Solo así pueden salir triunfantes de llevar la acción a un parque de atracciones construido en el interior de un vagabundo, a un concurso interplanetario de talentos musicales en el que se elimina a toda la población de los planetas perdedores o a la venganza de unos mágicos seres que son capaces de conceder un deseo para, una vez cumplido, morir automáticamente (maravillosos Meeseeks). Además, la serie introduce conceptos teóricos propios de la física con total naturalidad, manteniendo el nivel hilarante de las situaciones pero sin perder de vista la vertiente científica. Sirva como ejemplo uno de los mejores episodios, Total Rick-all (2×01), en el que la serie juega con la idea de las dimensiones temporales paralelas creadas a partir de la duda, con claras referencias al gato de Schrödinger, o las continuas alusiones a la teoría de los multiversos.

La serie presenta también un fuerte componente crítico y no deja títere con cabeza, siendo el eje central de su denuncia el conformismo y la debilidad del American way of life. Rick y Morty propone la aventura y el riesgo ante lo desconocido como antídoto para la insatisfacción de una vida basada en absurdas normas sociales. También carga contra la educación (Rick se opone a que Morty vaya a la escuela ya que produce cerebros en cadena y es la raíz de los males de la sociedad), el heteropatriarcado, la religión como cobijo de la ignorancia, la telebasura o la política, a través del comportamiento de los seres de otros planetas que, curiosamente, cometen el mismo tipo de errores que los humanos.

El 30 de julio se estrenó la esperadísima tercera temporada de la que ya se había adelantado un episodio en abril. Toca volver a disfrutar de una de las mejores cosas que le han pasado a la televisión en años, y regocijarse en sus disparatadas historias (en versión original, por supuesto). ¡Wubba-lubba-dub-dub!

Daniel Reigosa

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