BABY DRIVER

 El postmodernismo bien entendido

El postmodernismo mal entendido podría llevarnos a caer en la conclusión de que el cine del reciclaje es una forma sutil y educada de denominar a la basura. Una situación determinada por aluviones de remakes pegajosos y secuelas innecesarias que no abordan en sus géneros más allá de la visión anteriormente propuesta. Pero en el calor veraniego siempre surge algo fresco y, como empieza a ser costumbre, Edgar Wright viene cargado de helados.

El autor de la fascinante trilogía del Cornetto –Zombies party (2004), Arma Fatal (2007) y Bienvenidos al fin del mundo (2013)- y la marciana Scott Pilgrim contra el mundo (2010), presenta una de sus mayores obras hasta la fecha: Baby driver (2017). Su última cinta abraza el dominio de un estilo totalmente evidente en su filmografía. Sus cortes y transiciones fluyen de forma trepidante sin que la narrativa se vea interrumpida, tal y como si de un plano secuencia se tratara. Con Wright ves y oyes todo a tal velocidad que la propia imagen se convierte en otro motor endiablado de su característico humor negro y ácido. Baby driver aprende de sus predecesoras a capturar el ritmo musical en la imagen, como aquel Don´t stop me now de Queen que resultaba perfecto para apalear a no muertos en el pub de Zombies Party. Sincronizar no es sólo seleccionar un buen setlist. Donde algunos autores trabajan escogiendo cuidadosamente las canciones de sus películas -James Gunn o Tarantino- Wright derrocha en gritos visuales la heterogeneidad que conforma hoy en día nuestra sociedad. La convivencia antaño inalcanzable entre géneros como el rock y el hip hop no sería posible en una película que no estuviera supeditada por una generación educada en una cultura audiovisual totalmente deformada.

Eso es el postmodernismo, un caldo con tantos sabores que no sabes que estás comiendo pero que, si se prepara con inteligencia, da nutritivos resultados. Y este es el caso de una película que danza tan locuaz como la reciente La La Land (2016) y sin remilgos. No hay modales, no hay prejuicios. El cineasta se convierte en el perfecto director de género de una generación geek cargada de nombres que alientan presupuestos – J.J Abrams o Joss Whedon por mentar algunos-. Y es que hacer una película sobre atracos, un último trabajo y amores que lo impiden podría parecer un suicidio, o al menos ya visto. Lo primigenio se encuentra en un desprejuiciamiento del soporte, donde las limitaciones del género quedan evidenciadas en pura cobardía, puesto que Wright lo ha conseguido entre zombies, policías e invasores del espacio a base de músculo creativo. Y es que sus cintas no sólo reflejan los clichés de sus categorías sino que vienen hiladas por un subtexto que parece universal en su filmografía: afrontar la madurez.  Ya en Spaced (1999) -serie protagonizada por la dupla Simon  Pegg y Nick Frost antes de dar el salto junto a Wright al largo- se atisbaba una frustrante lucha del hombre que no sabe dar el siguiente paso, a tomar decisiones por lo general circunscritas a relaciones de pareja o amistad. Temática que asciende en su última cinta a un nivel dramático más adulto, que fluye entre persecuciones y silencios marcados por un protagonista que no puede vivir sin su ruido, sin su música. Y es que esto es como ponerse los cascos, andar por la calle e imaginarse que vives dentro de  un videoclip. La ciudad fluye al ritmo de tus pasos como las notas lo hacen en las llantas de Baby, ese angelical personaje interpretado con sobriedad por el joven Ansel Elgort que da la talla ante un plantel encabezado por Kevin Spacey, Jamie Foxx o Jon Hamm. Protagonistas que conviven dentro de un guion sólido que desgraciadamente desfallece en el tercer acto del metraje, donde la épica final se vuelve algo delirante como ocurriera en Scott Pilgrim o Bienvenidos al fin del mundo. Errores que se olvidan ante la dulce sensación de poder disfrutar una película repleta de metacine e inteligencia, mordacidad y meneos de cabeza. Pues con Baby driver se baila en las imágenes y se conduce en el sonido. Una cinta de acción musical, la muestra de una generación híbrida que tiene mucho que contar.  

Álvaro Pérez Fernández


BABY DRIVER (REINO UNIDO/EEUU)

Dirección: Edgar Wright/ Guion: Edgar Wright/ Producción:  Tim Bevan, Eric Fellner, Nira Park / Fotografía: Bill Pope / Música: Steven Price/ Montaje: Jonathan Amos, Paul Machliss / Diseño de producción: Marcus Rowland / Reparto: Ansel Elgort, Jon Hamm, Eiza González, Kevin Spaecy, Jamie Foxx, Lilly James

Share on FacebookShare on Google+Tweet about this on TwitterShare on LinkedInShare on TumblrPin on PinterestEmail this to someonePrint this page

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *