ENTREVISTA A JONAS MEKAS: “Soy un antropólogo que graba para dejar constancia en la posteridad de cómo era la vida en la que estaba inmerso”

El cine como impulso vital

Jonas Mekas en Filmadrid (Fotografía de Belén Purroy)

Cuando Jonas Mekas apareció en Filmadrid, a sus 94 años,  la sensación general era la de estar ante toda una indiscutible leyenda viva de la cultura del siglo XX. Nacido en Lituania en 1922 y tras escapar de un campo de trabajo nazi, Jonas Mekas llegó a Estados Unidos en 1949. Además de fundar una de las primeras revistas capitales de la crítica (Film Culture, 1955), el poeta, crítico y cineasta lituano también tuvo un papel esencial en la creación cooperativa y distribución del cine experimental e independiente americano con la fundación de la cooperativa The Film Makers (1962) y los Anthology Film Archives (1970). En estrecho contacto con las principales figuras artísticas de los sesenta (John Lennon, Allen Ginsberg, Andy Warhol o Salvador Dalí entre otros) lo que hace de Jonas Mekas una figura capital del cine experimental y la contracultura americana es la creación de todo un formato cinematográfico, el diario filmado. Desde Walden: Diaries, Notes and Sketches (1969) hasta Outtakes from the Life of a Happy Man (2012) pasando por Reminiscencias de un viaje a Lituania (1972) o En el camino, de cuando en cuando, vislumbré breves momentos de belleza (2000) la vida de Mekas y su cine son la misma cosa. Aún acompañado de su inseparable cámara escondida en el bolsillo, siempre lista para grabar (antes su mítica Bolex, ahora una pequeña videocámara digital), un lúcido e irreductible Jonas Mekas nos recibe para una breve entrevista.

Gracias a sus películas y su diario hemos podido ver cómo era el mundo que le rodeaba y lo que este le hacía sentir, pero también nos muestran que ha tenido y tiene una vida repleta de responsabilidades y obstáculos. ¿Cómo consigue engañar al tiempo?

Todos tenemos mucho tiempo, incluso cuando no hay, porque por lo general siempre estamos perdiéndolo, hay que decidir no dejarlo ir. Durante la guerra, cuando estaba en el campo de trabajo o cuando llegué a Nueva York, donde empecé a trabajar en una fábrica, parecía que no había más tiempo disponible que el que empleaba allí. Sin embargo, el ser humano es capaz de acoplarse a las nuevas circunstancias. Y empiezas a ver los huecos, esos espacios llenos de aire que te permiten dedicarte a ti, en mi caso a filmar, a ver películas, a leer, a escribir y a pensar.  Había tiempo que emplear en ello, era necesario.

¿No le afectaba el trabajo mecánico de la fábrica?

Cuando trabajas, sea el trabajo que sea e independientemente del modo de alienación que tenga, hay que salir de ahí, tu mente tiene que estar siempre en otro sitio. La cuestión es no tener ningún problema, no crear un problema de cualquier cosa, porque sabes que tienes que estar en otro lugar y ese lugar es el de “lo que quieres hacer”.

¿Y eso cómo se consigue?

Dejando de pensar en el mañana para pensar en el hoy. ¿Qué es lo que quiero que hoy sea? Pues me empleo en ello y lo hago lo mejor posible, sin importar que pasará después. No hay que hacer planes. Creo que siempre hay que superar las dificultades metiéndose en esos huecos de los que hablaba antes, porque la humanidad siempre ha tenido y va a tener gobernadores, reyes, dictadores, señores feudales, etc y el dinero en medio. Para nosotros, que no somos ellos, la cuestión es muy simple: hacer lo que crees que tiene que hacerse, independientemente de ellos. Si alguien intenta que no seas operativo en lo que has decidido tienes que buscar otro camino para lograrlo. Nosotros queríamos que nuestras películas se vieran y si para ello era necesario construir de la nada lo haríamos, es así de simple. Hay que hacer lo que se necesita hacer, y nadie puede pararte jamás.

Uno de los registros que nos ha dejado de su día a día es Walden: Diaries, Notes and Sketches (1969), ¿Cómo lo ve ahora?

Walden son muchos pedacitos de mi realidad, una realidad que iba editando con la propia cámara mientras filmaba, y que luego uní. Ahora mi memoria no ha cambiado, tengo el recuerdo de cuando filmaba, entonces veía la realidad y ahora veo las imágenes de lo que filmé. Hay una diferencia entre la realidad y las imágenes pero no en mis recuerdos sobre ellas, siento lo mismo al verlas que cuando las filmé. Lo que cambia soy yo, y eso se ve en mi trabajo, que ahora es completamente diferente al que hacía entonces.

¿Cómo es su trabajo ahora?

Ahora trabajo con el vídeo digital y hago muchos cambios en el ordenador, muchos. A diferencia de mi trabajo en analógico, que siempre montaba en cámara, ahora hago muchísima “post-edición”, porque ya no hay una primera edición en la cámara. Y es que el contenido de las películas en analógico y en digital es muy diferente, al igual que su instrumento.

¿Qué diferencias encuentra entre la filmación en analógico y la grabación digital?

No lo sé realmente, no he pensado mucho en como describir las diferencias entre un método y otro. Es más bien cuestión de la realidad, de la gente que me rodea y de mí mismo, porque sigo siendo yo el que está registrando todo. Una diferencia clara es la cámara con la que filmas. Las cámaras analógicas y las digitales poseen una energía diferente y, por lo tanto, de ellas resultan contenidos diferentes. El digital me hace ser más antropólogo, más consciente de la realidad que me rodea, mientras que el analógico me hacía prestar más atención a mis reacciones ante lo que veía, ahora hay menos reacción y más observación. Antes era más un músico que reaccionaba y jugaba con la realidad y ahora soy un antropólogo que graba para dejar constancia en la posteridad de cómo era la vida en la que estaba inmerso.

 Valle Lázaro

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