22ª FESTIVAL DE MÁLAGA. ANÁLISIS DE LA SECCIÓN OFICIAL (I)

Valores emergentes

Con escasos nombres de directores de peso y el mayor número de películas a concurso en la historia del certamen se presentaba la Sección Oficial de la 22ª edición del Festival de Málaga, conformada por 24 largometrajes (15 españoles y 9 latinoamericanos) de los que solo dos no entraban a concurso. Como ya se expuso en el anterior artículo, los títulos españoles de mayor interés ya habían sido exhibidos allende nuestras fronteras en otros festivales cinematográficos. Es el caso de Els dies que vindran (Carlos Marques-Marcet, 2019), galardonada con acierto con la Biznaga de Oro a la mejor película española. En ella se narra el proceso de embarazo de una pareja barcelonesa a través de sus complicidades y desencuentros. El tercer largometraje de Marques-Marcet, quien ya se coronó en este festival con 10.000 KM (2014), vuelve a tener como eje central las complejas relaciones de pareja, asunto que vertebra sus tres filmes, todos ellos bañados por un enorme realismo. En esta ocasión cuenta con la baza de que los actores son novios en la vida real y atravesaban esta misma situación. La mezcla de formatos, al incluir un vídeo doméstico en VHS de la propia actriz protagonista de pequeña y la nostálgica fotografía de Alex García moldean un emotivo viaje que plantea temas como el paso del tiempo, la maternidad o los vínculos sentimentales. Y lo que le rodea, el contexto social y económico que pincela, con la precariedad laboral al frente, rezuma autenticidad. Pocas veces en el cine un embarazo y un parto fueron motivo de tanta emoción. Tanta como la que hubo en el recorrido que realizó Luis Buñuel por la comarca cacereña de Las Hurdes para filmar su celebrado documental, y que retrata Salvador Simó empleando la animación en Buñuel en el laberinto de las tortugas (2019). Adaptando el cómic homónimo de Fermín Solís, Simó nos sumerge en un complicado rodaje que posibilita vislumbrar el combativo carácter de Buñuel, sus pesadillas y conflictos interiores, así como el proceso de escenificación y manipulación que supuso Las Hurdes (Tierra sin pan) (1933). Intercala imágenes del documental original y propone un debate acerca del arte como herramienta para cambiar el mundo. También rinde un necesario homenaje al poeta Ramón Acín, fusilado por el franquismo el 6 de agosto de 1936.

Otro viaje es el que emprenden por motivos profesionales a Senegal un padre junto a sus dos hijos en Staff Only (Neus Ballús, 2019), aunque el verdadero periplo lo realizará la hija mayor, a punto de alcanzar la mayoría de edad. Ballús utiliza esta evidente metáfora para desarrollar una coming-of-age que aborda las relaciones paternofiliales, los peligrosos juegos del deseo impulsados por las ansias de libertad y la percepción de vivir en una sociedad constituida por individuos guiados por sus propios intereses, al tiempo que plantea conflictos poscoloniales acerca del turismo que invade por vacaciones países pobres. La directora inserta en la narración los vídeos que va realizando un trabajador senegalés con una cámara digital de escasa calidad, que le sirven para plasmar la mirada del nativo hacia los turistas. No exento de humor, el segundo largometraje de Ballús se realza, además, por una magnífica dirección de actores. Con el drama y la comedia trabaja también el sevillano Santi Amodeo en Yo, mi mujer y mi mujer muerta (2019), película sobre un profesor de arquitectura argentino que decide esparcir las cenizas de su mujer al lugar donde ella nació y que visitaba todos los veranos: la Costa del Sol. Allí comprobará que su esposa llevaba una vida totalmente desconocida para él. Siguiendo las fases del duelo, Amodeo traza una reflexión acerca de la felicidad y los posibles modelos de vida que escogemos o descartamos para diseñar nuestro proyecto existencial. Con bruscos cambios de tonos narrativos y abriendo demasiadas parcelas argumentales que soslaya con rapidez, el filme se fortalece al no caer en formulismos e integrar interesantes apuestas en la narración, como la original entrada y salida de los personajes secundarios. Un siempre encomiable Oscar Martínez (quien se alzó con la Biznaga al mejor actor) y un jocoso Carlos Areces hacen el resto.

Empoderamiento de la mujer en Latinoamérica

La Sección Oficial aumentó cualitativamente con las producciones llegadas de Latinoamérica, en especial aquellas que retratan conflictos derivados de una sociedad patriarcal y machista en las cuales las mujeres padecen pero también desafían. Sin embargo, todas estas películas fueron con injusticia las grandes ausentes en el palmarés. Así ocurrió con la argentina Aire (Arturo Castro Godoy, 2018), que describe la odisea de una madre para encontrarse con su hijo, con síndrome de Asperger, que ha sufrido un accidente en el colegio. 72 angustiosos minutos en los que la protagonista (desgarradora Julieta Zylberberg) deberá hacer frente a los abusos e infamias de un sistema que ocasiona la lucha de pobres contra pobres. Desarrollada a lo largo de una mañana, esta obra con clara conciencia de clase se acerca tanto visualmente como en su trasfondo al cine de los hermanos Dardenne y deja expuesta una burocracia que no atiende a sensibilidades y una sociedad cada vez más egoísta, aunque al final se halle oxígeno al reservar su director espacio para la esperanza. Esa esperanza que recorre todo el metraje de El despertar de las hormigas (Antonella Sudasassi, 2019), notable relato feminista sobre la libertad y el empoderamiento de la mujer, donde una joven madre de dos niñas lleva la contraria a su marido en la decisión de tener otro hijo, el esperado varón. A través de planos cerrados, sucesivas ensoñaciones que explican el complejo despertar de la protagonista y múltiples simbologías (el cabello femenino, los insectos) se conforma este alegato contra el patriarcado y a favor de la sororidad. Con un reparto colmado de actores no profesionales, el debut en el largo de Sudasassi, una coproducción entre Costa Rica y España, reflexiona en relación al papel de la mujer dentro del núcleo familiar. El filme se une a la lista de grandes títulos que la cinematografía costarricense nos está obsequiando recientemente, la mayoría dirigidos por directoras.

Una mujer cordobesa que asiste pasivamente a los preparativos de su boda al mismo tiempo que su salud comienza a deteriorarse es la premisa del otro largometraje argentino a competición. Vigilia en agosto (Luis María Mercado, 2019) mantiene la tensión en el espectador al ocultar constantemente información y emplear con audacia el fuera de campo. El extraordinario manejo del sonido, potenciando un suspense que va in crescendo, juega un pilar esencial en la construcción de la ópera prima de Mercado, que tuvo su premiere mundial en Málaga y que cuestiona el sentido actual del casamiento. La boda se presenta como rito machista que somete a los cónyuges a unos patrones establecidos que se perpetuará en el matrimonio. Rita Pauls basa su interpretación en los silencios, los pequeños gestos y en el sufrimiento causado por fuertes dolores físicos, transmitiendo su personaje la necesidad que tiene la mujer de tomar la palabra. La misma que toman las cuatro hermanas protagonistas de Niña errante (Rubén Mendoza, 2018) con la rebeldía y la sororidad como banderas. Más de 1300 kilómetros de recorrido por Colombia en una inaudita road movie que radiografía un país donde el machismo continúa imperando y las calles siguen siendo lugares hostiles para las mujeres. La idea del cuerpo femenino como territorio íntimo a explorar está muy presente en este viaje de iniciación que tiene en las fotografías de la artista estadounidense Francesca Woodman una potente fuente de inspiración. La película colombiana, que solo obtuvo el premio a la mejor actriz de reparto para Carolina Ramírez Quintero, brilla con una luminosa y bellísima fotografía. Su hipnótico montaje combina la narración presente con fragmentos oníricos que va imaginando la pequeña protagonista de 12 años, quien deberá encontrar un nuevo hogar ante la muerte de su padre. Para tratar similares temas los realizadores Fernando Pérez y Laura Cazador se trasladan hasta 1819 para contar la historia real de Enriqueta Faber, médica suiza que se hizo pasar por un hombre al llegar a Cuba. Insumisa (2018) se basa en el juicio más controvertido de la historia colonial cubana, ese por el que se juzgó a esta mujer cirujana por engañar sobre su identidad. El filme se trata de una oda a la libertad en sus múltiples aspectos, ya que abarca cuestiones como la liberación de la mujer, de los esclavos o de los homosexuales, así como la defensa de una educación y sanidad universales. Aunque algo caótica en su prólogo y una puesta en escena más bien convencional, Insumisa se eleva gracias al considerable gancho de la trama, el eficaz uso de la elipsis y la fuerza visual de sus secuencias.

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